Testimonios - Cáncer

NATACHA KATZ

Es un viaje de Ida

Llegué a la Fundación recién operada de cáncer de mama. Estaba embarazada de cinco meses y así y todo los médicos me habían recomendado hacer el tratamiento de quimioterapia, al cual me negué rotundamente. Sabía que necesitaba re-enfocar mi vida, que había mucho de psicosomático en esta enfermedad, y que entonces de alguna manera yo había tenido que ver en su proceso y, por lo tanto, tendría también que poder participar en su sanación. Esto es justamente lo que encontré en la Fundación, y mucho más que eso.

El PARA fue la experiencia más intensa que tuve en mi vida, y de la que salí más fortalecida que nunca. El impulso de coraje que me infundió Stella me guió para garantizarme la certidumbre de que podía cumplir con mi Plan de Salud y que entonces me iba a sanar. Después descubrí que sanarse es mucho más que solo curarse, pero para eso tuve que recorrer un intenso camino.

Y así fue que me aferré con uñas y dientes al Plan y empecé a sentirme bien, especialmente a entender lo que es sentirse bien. Yo, hacía bastante tiempo -aunque no siempre fue así- que me había acostumbrado a la pesadumbre, a tener malos pensamientos, desvalorizantes, depresivos, sobre mi persona, sobre mi futuro, incurriendo en la actitud crítica hacia mi y hacia los demás como si fuera un aspecto de mi personalidad analítica, y creyendo que ese sentimiento apesadumbrado y negativo formaba parte de la vida o significaba la vida misma para mí en esta etapa. Y que eso no tenía ningún costo ni para mí ni para mi cuerpo, ni para la gente a mi alrededor.

Con el trabajo sobre mí misma -que me facilitó el Plan y los seminarios, las meditaciones de Stella, y sus charlas- me di cuenta de que ese malestar se había convertido en un vicio, formaba parte estructural de mi vida, como una droga a la que una y otra vez volvía sin cesar varias veces al día, tomando como excusa cualquier cosa que contradijera mi deseo o mi sentir o mi urgencia del momento. A su vez, eso era la superficie de algo que estaba más profundamente arraigado en mí en la forma de sentimientos de frustración y de inseguridad que surgían del miedo. Ese miedo era el más universal de todos, y el más duro, el miedo a la vida.

Empecí a estar atenta a todas las emociones negativas dentro de mí, y a captar que eso no formaba necesariamente parte de mi personalidad, que eran automatismos que podía trabajar para cambiar, y me abogué a eso. A despejar las trabas que me impedían disfrutar de mi vida, de mis hijos, de las cosas cotidianas, de todo. Eso, desde la superficie, llegó a las profundidades y ese miedo tan arcaico fue cediendo, fue dando lugar a que aparecieran sentimientos que contienen la vida, como el amor y el agradecimiento.

Tuve a mi beba sin problemas, una beba realmente hermosa en todo sentido, y que junto con su hermano mayor, de 3 años, son la pareja excepcional.

No puedo decir que haya cambiado totalmente, considero más bien que estoy transitando el camino, con todo lo que eso implica de esfuerzo y de compromiso. Y Creo que no hay un lugar al que llegar y asentarse, sino que es hacer cada día lo mejor que uno puede con sus propios obstáculos para lograr soltar lo que ya no necesita y así ir acercándose cada vez más a vivir en armonía.

Desde que concurro a la Fundación, ya hace un año, siento que se va gestando un cambio de perspectiva en mi vida. Siento agradecimiento inmenso cada día por estar viva, y por todo lo que me rodea, por ver a mis hijos y poder disfrutarlos, por hacer las cosas cotidianas que antes me agobiaban. Hoy siento que cualquier cosa puede ser interesante, divertida, o digna de ser vivida, hasta las más triviales.

Hoy siento que es una bendición lo que me pasó, que me dió la posibilidad de despertar a la vida, y no de vivir de prestado, como si la vida estuviera garantizada porque no lo está, eso lo sé ahora. Hoy agradezco cada cosa que me sucede, porque eso me vuelve a decir que estoy viva, a cada instante, me despierta a la conciencia. Que a su vez me está guiando hacia una dimensión espiritual que estoy incorporando en mi vida, que hacía mucho tiempo la había dejado de lado, y ahora la estoy retomando desde una mayor conciencia y cada vez me voy sientiendo más conectada conmigo misma y con la totalidad. Y el sentir esa conexión me hace sentir verdadera.

FRANCISCA BRESSANELLI DNI 24.910.248

Cuando hace casi tres años, me diagnosticaron cáncer de mama, mi tía me regaló el libro “El laboratorio del alma”. Por esas cosas de la vida, el libro terminó en un cajón y nunca lo leí, creo que negaba bastante lo que me pasaba. Atravesé el tratamiento lo mejor que pude y continué mi vida como si nada hubiese ocurrido.

Dos años mís tarde apareció una metástasis en el pulmón. Ahí si me desmoroné, me desesperé. Una amiga entonces me regaló “El laboratorio interior”, otra vez este mensaje que me venía, algo debía significar.

Esta vez comencé a leer con interés. Apenas unas primeras páginas fueron suficientes para sentir que esto era para mi, que había en esas páginas una esperanza. Inmediatamente llamé a la fundación y me anoté para el siguiente PARA.

Llegué a mi primer día del Programa desesperada, triste, deprimida, llena de miedos, de catástrofes imaginarias, con certeza de muerte, sumida en la mayor oscuridad. Ya al llegar me encontré con un lugar maravilloso, lleno de verde, de energía, de amor; me recibieron rostros amables, sonrisas, abrazos.

Luego llegó Stella Maris y comencé a escuchar sus palabras con la sensación de que me conocía de toda la vida, de que hablaba exactamente de lo que yo sentía.

Fueron transcurriendo los días y con cada trabajo me iba metiendo adentro mío, en territorios desconocidos para mí. Yo creía q antes de la enfermedad, mi vida era perfecta y que esta maldición había caído sobre mi para matarme, para arruinar mi vida y todo lo que había construido. Estaba tan triste, tomando todo tipo de psicofármacos, entregada a una muerte segura.

La experiencia del PARA es indescriptible, maravillosa. Me acompañaron en todo momento mi marido y mi mamá, también mi hermana. Enseguida y gracias a los “abrazos gordos” me encontré que no estaba sola, éramos muchos pasando por momentos difíciles, de rodillas ante el dolor.

Luego vino la entrega del plan de salud, me sentí abrumada, había tanto por hacer, tanto por aprender, tanto por cambiar!!! Empecé de a poco a aplicar todo, sin preguntarme demasiado y dejando de lado mi racionalidad, confiando plenamente en que servía, en que me iba a curar. Al mismo tiempo, la necesidad de saber cada día más, de meterme cada vez más adentro mío. Así me anoté en el seminario con mi marido y mis hijos: Y desde el primer día me sentí diferente. Desde esa noche no tomé más pastillas, no las necesité, aplicando las técnicas de respiración logré conciliar y mantener el sueño.

Fueron tres meses de aplicación casi perfecta del plan y de concurrencia a talleres del seminario juntamente con el grupo de apoyatura y algunas actividades personales con Stella. De a poco mi ánimo fue cambiando, comencé a reírme más, a pensar menos, mucho menos, a vivir el hoy, a no preocuparme tanto por el mañana. Cada beso que les doy a mis hijos ya no es una despedida sino un momento a disfrutar. Así, con todas las pequeñas cosas, aprendí a disfrutar una rica comida, un baño calentito, el olor de una flor, la suavidad de una caricia. Aprendí a reírme como niña, a bailar sin importarme si lo hacia en forma coordinada.

Cada día que voy a la Fundación vuelvo con más pilas, con más ganas de vivir, hice amigos entrañables, que son un sostén, que entienden como nadie lo que estoy viviendo y entre todos, porque juntos es mejor, es mucho mejor, nos apoyamos para seguir adelante.

Acaba de terminar mi primer seminario y mis tres primeros meses del plan de salud. Y me aplaudo por haber cambiado en gran parte mis pensamientos, por vivir casi siempre en el hoy, por haberme rendido ante la realidad, porque ya no me peleo con la enfermedad ni me pregunto más porqué porqué porqué, le doy para adelante, con una sonrisa, volví a sonreír!!!!! Busco espacios propios que antes no tenía, tengo mil proyectos, tantas ganas de hacer cosas!!! Trato de no perder energías juzgando ni criticando.

Hace poco me dieron el resultado de una tomografía y me dió perfecta!, sin rastros de tumor. Y lo más importante de todo es que estuve muy, muy tranquila. Nunca antes me sentí así, estoy feliz, feliz, feliz!

Y no me canso de agradecer porque yo ya siento en mí el milagro, estoy feliz, con la misma situación, sigo en tratamiento, me sigue faltando la teta, nadie me asegura nada pero yo estoy a full disfrutando de cada segundo de esta maravillosa vida!

LAURA CHAZARRETA  DNI 17.817.858

En noviembre de 2001, tenía 35 años, un muy buen matrimonio, dos hijos de 4 y 8, buen trabajo, amigos, familia presente, fe, aparentemente, todo para ser feliz. Pero mi vida dio un vuelco inesperado y terrible, me diagnosticaron “cáncer de mama”. Superé ese momento. Mi marido, un hombre maravilloso que me ama mucho, me apoyó y ayudó “siempre”. Todo mi entorno, colaboró con nosotros. Así y todo, en octubre de 2008 me diagnosticaron Metástasis múltiples en Hígado y huesos. Muchas operaciones, MÁS tratamientos, mucho DOLOR.

El libro el Laboratorio del Alma llegó a mis manos en agosto de 2010, recomendado por una amiga. Yo muy escéptica, y solamente centrada en la medicina tradicional y en mi fe en mi Dios, lo compré y comencé “el viaje”. Su lectura me atrapó. Y por primera vez en los casi 10 años de enfermedad, yo ví, que en sus páginas, mis pensamientos y sentimientos estaban reflejados con una exactitud, impresionante. Sin exagerar, a medida que iba leyendo, yo iba sintiendo que mi vida empezaba a cambiar.

Enseguida investigué, busqué y me contacté con la Fundación Salud. Estaba “loca” por llegar a “ese lugar” conocerlo, interiorizarme y verle la cara a la mujer brillante que había podido poner en palabras “lo que a mi me estaba pasando” y ofreciéndome un nuevo camino, una gran esperanza. En esos días definitivamente “acepté mi diagnóstico” pero NO EL PRONOSTICO. Y comenzó mi sueño de transformarme en una “PACIENTE EXTRAORDINARIA” me dije a mi misma: -En lo que de mi dependa “yo quiero serlo”. .. Un paciente extraordinario es aquel que se sumerge en el laboratorio de su alma como si fuera un científico, aprendiendo a utilizar su mente y su espíritu para poder influir en el curso de su enfermedad. ( pág. 31 del Libro El Laboratorio del alma.) Allí me di cuenta que tenía todo para estar bien, pero que en todo mi proceso faltaba yo misma…

En noviembre de ese año, estaba haciendo el P.A.R.A., Programa de Recuperación y Apoyo. Recibí mi plan de salud personalizado y lo hice por los 90 días, “al pie de la letra”, mi familia asistió conmigo a recibirlo y mi esposo y mis hijos ya de 18 y 14, se comprometieron a la par mía, para que pueda cumplirlo en lo más minúsculo. Doy gracias a Dios por eso. Pasé de prepararme para morir, a vivir cada día intensamente de estar enojada o resistida con esta realidad, a aceptarla, y a abrazarla para que al unirme a ella pueda triunfar. Descubrí muchas cosas nuevas de mi que desconocía, y dejé de sentir que yo era un cáncer ambulante para transformarme en una persona que por una de esas cosas de la vida tenía cáncer, pero que era mucho más íntegra, más feliz, y auténtica que antes, cuando creía que “era sana”. Descubrí que era una gran privilegiada y hallé en mi enfermedad a la más grande maestra de mi vida, porque me llevó a conocer dimensiones de mi ser que esto segura que jamás habría “visto”. Estos dos últimos años han sido de gran fortaleza y felicidad, y realmente creo en la resiliencia ya que la vida volvió a enfrentarme a situaciones muy límites. Pero, yo me había transformado tanto, que las sobrellevé sin que mi salud empeore, lo cual es mucho decir. Por sobre todo, aprendí a estar en todo momento conmigo, consciente de mi misma, atenta a mis desatenciones, para dedicarme a sanar mi vida por completo. Hoy puedo contar que mi metástasis está en remisión. En este camino, acepté que quizás jamás me cure, pero que seguramente sané y sigo cada día sanado mi vida, lo que es mucho más grande e importante que mi cuerpo.

Lo más importante es que SANÉ MI VIDA Y HOY SOY UNA MEJOR PERSONA, porque desterré de mi interior el juicio y aprendí a amar y a aceptar a los demás tal como son, sin condicionamientos. Mi esposo y los chicos son mis ángeles custodios y mis "sanadores por excelencia". Papá, mi querido viejito, ha sido MI GRAN SANADOR, porque al haber yo resignificado mi relación con él pude perdonarlo, relacionarme de otra forma, pude amarlo diferente, cuidarlo y acompañarlo en su cruz hasta sus últimos días. Es posible curarse y es seguro SANARSE. EL LABORATORIO DEL ALMA se hizo "realidad en mi vida". LA REALIDAD HA SUPERADO LA FICCIÓN. Todo este aprendizaje me llevó a TENER MENOS MIEDOS. Ya no miro al futuro con recelo y no es solo porque el resultado de hoy es bueno, porque soy muy consciente de que mañana TODO PUEDE CAMBIAR, sino porque estoy segura de que MI MISIÓN EN ESTA VIDA ES VALORARLA, DISFRUTANDO MI PRESENTE, SIN MIRAR NI ATRAS NI ADELANTE.

Con lo mejor de mi ser ….. LAURA

ANDREA BATTISTESA  DNI 21.957.257

APRECIEN EL VALOR DE LA VIDA Y VIVANLA, el camino los sorprenderá cada día.

Ante todo GRACIAS, agradezco haber podido tener esta experiencia de vida tan maravillosa, de tanto aprendizaje, que llego a mí tras repetir por tercera vez un cáncer.

A los 28 años me operaron de un cáncer de mama, pero como bien dijo el Dr. Simonton esa primera vez, no me di cuenta de nada; después de 7 años y con una caída emocional por una separación , repito el cáncer de mama, pero esta vez se suma una metástasis ósea. Me pregunté ¿por qué a mi? me enoje, me castigue, dejé a mi pareja porque sentí que tenía que elegir entre el amor o la vida, pero el amor que siempre le tuve a la vida no me permitía pensar que me iba a morir. Ya cansada de la medicina, de operaciones, de quimios, rayos y de intoxicar mi cuerpo, empecé una búsqueda espiritual intensa, necesitaba reforzar mi fe y encontrar respuestas, empezaba a cuestionarme ¿qué somos?, ¿a qué venimos?, ¿qué es la fe?, ¿qué es la vida?, ¿cómo se cura un cáncer?; indague en religiones, libros, películas, cursos espirituales, terapias de todo; y fue así, como después de casi 2 años, un día mientras trabajaba, me aparece en pantalla la web de FUNDACION SALUD (hasta hoy no se decirles cómo fue que se la abrí)... Según dicen, todo llega a nuestras vidas en el momento justo.

Llegué a la Fundación en un momento muy difícil de mi vida, agotada de todo, desesperanzada; fui una noche a una entrevista con la directora de la fundación por insistencia telefónica de Beatriz en respuesta a un mail mío. No puedo olvidarme con la negación y la desilusión que entré, y como me sorprendió la vida cuando conocí a Stella Maris Maruso; era un ser especial, lleno de luz; una hora de charla con ella me hizo sentir que se abría otro camino, que había mucho por aprender aún, y nuevamente afloraba mi esperanza y mi agradecimiento a Dios y a la vida.

En pocos meses no solo encontré respuestas a todas mis preguntas, sino que encontré contención, amor, afecto, calidez humana, abrazos y gente maravillosa que me enseña y acompaña día a día. Pude sanar la relación con toda mi familia y encontrarme a mí misma, a ponerme en primer lugar, a valorarme, a quererme, a ver un mundo nuevo; aprendí de todas las herramientas que necesito para fortalecerme y sanar mi vida y mi ser; aprendí a aceptar las cosa tal cual son; aprendí a potenciar las defensas naturales de mi cuerpo y a escucharlo; aprendí a llorar y a mostrar lo que siento; aprendí que el tiempo que utilizaba para deprimirme, hoy lo lleno con esperanzas, proyectos, propósitos de vida; aprendí que la fe y el amor hacen que el miedo y la resignación desaparezcan; aprendí a vivir el instante, el hoy y a disfrutar cada día; aprendí a dominar mi mente para reconfortar mi espíritu y mi cuerpo y poder disfrutar de esa paz interior, esa tranquilidad y esa felicidad que hoy me embargan; aprendí a pararme frente a la enfermedad y a tomarla como una lección de vida; aprendí sobre la evolución del alma y del ser; aprendí a encontrarme y a sentir que la vida es maravillosa y que puede seguir sorprendiéndote cada día, viviendo paso a paso con intensidad; pero por sobre todo aprendí que juntos es mejor, que se puede, y que vale la pena estar vivo.

Por todo esto quiero trasmitirles mi enorme agradecimiento en especial a Stella Maris por esta obra maravillosa, por su enorme dedicación y amor incondicional, a todos los profesionales y compañeros que me acompañan siempre, al Dr. Arias y tambien a Beatriz que tanto me insistió telefónicamente para que fuera; y como no, una vez más, GRACIAS A DIOS Y A LA VIDA.

SARA MOLAS  Abogada.

Todo comenzó en noviembre de 2005 cuando me hice el chequeo completo como todos los años. La ecografía transvaginal, que el año anterior dio totalmente normal, registró un puntito en cada ovario. Después de hacerme una ecodopler y verificar que uno de ellos era maligno, me operaron a la mañana siguiente, haciéndome una histerectomía. Tanto el cirujano como mi ginecóloga, ambos excelentes médicos, aseguraron que estaban encapsulados y que no aparecía compromiso glandular.

Todos felices y contentos, pero haciendo chequeos periódicos, porque nunca se sabe, hasta que dos años después apareció metástasis en el pulmón y todo el abdomen. Mi oncólogo me informó que debía comenzar un tratamiento de quimioterapia. Como se pueden imaginar, yo estaba desesperada, muy angustiada. En ese momento una amiga muy querida me habló por teléfono y me dijo: “mañana por la mañana te paso a buscar, comienza un PARA”. Por supuesto yo no tenía ni la menor idea de la que era un PARA, pero fui, perdida por perdida, me aferraba a cualquier cosa.

Todos recuerdan el primer día cuando yo dije desesperada que no me importaba morir, incluso lo prefería a perder mi pelo. Mi hermosa cabellera era lo que más me gustaba de mí, así que la perspectiva de perderla para mi era la peor tragedia. Allí me enteré de que el PARA es un Programa Avanzado de Recuperación y Apoyo y que debería concurrir diariamente durante cinco días. Lo presencié en el mes de Noviembre de 2007, el grupo era de 20 personas y estaba la querida STELLA MARIS y su maravilloso equipo. Allí se produjo el milagro: mi estado de ánimo hizo un giro de 180 grados, dentro de ese maravilloso contexto, me volví optimista y casi alegre. Toda mi trágica visión cambió paulatinamente. Allí todo era amor, esperanza. Nos dieron un plan de salud personalizado a cada uno de nosotros.

Todo mi estado de ánimo mejoró, me sentí feliz cada instante de cada día, lo que sin duda fue determinante en la mejoría de mi enfermedad y en el cambio de mi vida en general. También tengo un oncólogo y un analista, a los que quiero muchísimo, que siempre me apoyaron y fomentaron mi regular asistencia a la Fundación Salud.

Finalizadas nueve sesiones mensuales de quimioterapia, que me sirvieron mucho pese a sus terribles efectos colaterales, las frecuentes tomografías computadas revelaron que habían desaparecido mis tres nódulos pulmonares. En consecuencia mi oncólogo decidió que era oportuno operarme para extirparme el resto. Buscó al mejor cirujano y me interné en la Fundación Favaloro. Pasé cinco días en terapia intensiva y el cirujano que me visitó en Navidad me dijo que tenía el mejor regalo: no quedaba ningún cáncer visible y todo lo extraído estaba comprometido. Tiempo después fui sometida a cuatro quimios mensuales terribles. Desde entonces me tienen bajo la lupa, realizando constantes exámenes. Mientras tanto continúo mi tratamiento en la Fundación Salud, determinante de todos mis grandes cambios y mi psicoterapia.

Paradójicamente estoy atravesando la mejor etapa de mi vida, tengo 70 años, y agradezco, que en estas circunstancias, tuve la posibilidad de conocer a STELLA MARIS y a la FUNDACION SALUD, realizar un PARA y recibir enseñanzas, gracias a las cuales disfruto intensamente cada día y cada momento. Las amo profundamente, incluso no tengo miedo a morir, estoy dispuesta a ello, ya que me siento en paz con la vida y he hecho en todos los ámbitos lo mejor que podía en cada oportunidad. Mi vida gira en torno al amor, a la espiritualidad, al optimismo, al humor y alegría y le he encontrado otro sentido a la vida. Participo de los seminarios y hago un tratamiento personalizado con Stella Maris, no se qué más se podría pedir de la vida. SOY OTRA PERSONA y a ello se debe mi mejoría. Continuaré en este camino.

PATRICIA UGARTE  LC 6.699.424

Ojalá mi historia te sirva para darte cuenta que el poder está dentro de ti, y cómo podemos optimizar cualquier tratamiento de la medicina tradicional con la medicina mente cuerpo.

Llegué a la Fundación en el año 2000 con 49 años. Exitosa, casada hacía 6 años con un soltero como yo, con fiesta de campanillas, hija amada y rodeada de hermanos, sobrinos y familia, con montones de amigas, profesional destacada, con una hija maravillosa de 4 añitos… que más se podía pedir o esperar! Había tenido tiempo para hacer 3 carreras, un posgrado, diversos trabajos exitosos, había plantado el árbol, escrito el libro, tenido una hija, y viajado extensamente por todo el mundo con un trabajo que me había permitido crecer como persona y demostrarme todo lo que era capaz de hacer. Parecía que nada ni nadie me podían detener, todo lo que me proponía, lo podía hacer y lo hacía bastante bien, todo parecía perfecto según el paradigma tradicional. Sin embargo, yo no me sentía satisfecha, corría como una loca todo el día por las responsabilidades laborales y “no tenía tiempo” para disfrutar serenamente de las mejores y pequeñas cosas de la vida.

Ir a la Fundación me mostró un camino nuevo, me abrió la mente y acalló mi angustia, sentía que estaba en el camino correcto. Sin embargo, yo no abandonaba mi vida de stress y no cambiaba, no tenía tiempo para dedicar tiempo todos los días a estas nuevas actividades. Había entendido todo mal. Y seguía con mi vida a las corridas, esforzándome y sobre-exigiéndome aunque nadie me lo requiriera y perdiendo mi capacidad de goce y disfrute en ese proceso.

En el año 2004 con 53 años y con mi niña de tan solo 7 añitos, me diagnosticaron cáncer ductal ( de los conductos mamarios) estadio 3. Shock, estupor, incredulidad, ¿Como podía ser si hacía 7 meses me había hecho una mamografía y todo estaba bien? Si yo era una roca y nunca me enfermaba! Sí, pero yo había desoído a mi cuerpo, no prestado atención a las miles de señales corporales, sobre todo ese extremo cansancio todas las mañanas durante más de un año, y nunca había respetado lo que sentía; aunque en teoría, se suponía que ahora sabía lo que era mejor para mi.

La enfermedad fue mi gran despertador, dejé de jorobar y tomé este camino con convicción y fe.

Cuando me dieron el diagnóstico sentí que me pegaban con una masa y me hundía en el piso un metro, estaba desolada y al mismo tiempo confundida. ¿Cómo era posible? Hubo llanto, rabia, impotencia, pero por suerte pude sobreponerme y pedí licencia en todas mis tareas laborales para comenzar el Programa Avanzado de Recuperación y Apoyo (PARA) en la Fundación y ponerme primera de la lista. Quería optimizar el tratamiento médico sugerido (quimioterapia, operación y rayos) con todo lo que la medicina mente cuerpo y la Fundación me ofrecían.

Al segundo día de la semana presencial del PARA me corté el pelo cortito, quizás para demostrar el cambio interior que sentía y para prepararme para encarar la quimioterapia. Recuerdo que el 3 de diciembre, día en que terminaba dicha semana, me fui de allí directamente a tomar la primera quimio. Ya me sentía más armada, tenía herramientas.

Mis mayores miedos estaban relacionados con el futuro de mi hijita, tan pequeña y que aún me necesitaba. Pero eso también reforzó mis ganas de vivir y me impulsó a cambiar y a seguir el plan de salud lo mejor que podía con las fuerzas que me dejaba el tratamiento que era muy riguroso. A mi hijita le dije toda la verdad desde el principio.

A los 18 días de la primera aplicación de quimioterapia perdí todo el pelo en 2 días. Siempre había sido mi orgullo, junto con mi busto y mis ojos. El trabajo fue arduo, tenía muchos pensamientos negativos ¿Qué clase de mujer sería yo después de la operación? Sin embargo, aprendí a darme cuenta que yo era mucho más que una parte de mi cuerpo. Conocí gente maravillosa en la Fundación. Stella Maris me brindó siempre toda la ayuda que necesitaba de manera constante e incondicional. Y ella junto a Nora, Elva, Doris, Cristina Narváez y mis compañeros, se convirtieron en mis aliados en el partido contra la enfermedad. Los pensamientos saludables, el psicodrama, los ejercicios para evitar el trauma, apoyatura del PARA, y las meditaciones diarias fueron elementos importantísimos para poder encarar los cambios necesarios que poco a poco fui vislumbrando como esenciales para sanar mi vida. La curación de mi cuerpo vino acompañando la modificación de actitudes y creencias, formas de comunicarme y de reaccionar. Fue difícil, si, pero no imposible. Lloré muchas veces y tuve muchos traspiés pero gracias a todas las técnicas y herramientas aprendidas y al apoyo incondicional de la Fundación y de Stella Maris empecé a tomar conciencia de todo lo que había para modificar y cambiar dentro de mí

Hoy mi hija tiene 14 años. Estoy feliz y agradezco a la enfermedad el haberme parado en esa carrera vertiginosa ¿Qué aprendí en la Fundación? Primero el rumbo en el que mi espíritu es más dichoso. También el agradecimiento, cual es mi propósito en la vida, y el servicio a los demás. Me he vuelto más humana y más sensible, puedo disfrutar de las hermosísimas pequeñas cosas que nos brinda la vida, he limpiado el filtro con que encaro la realidad, estoy aprendiendo a comunicarme mejor accionando y no reaccionando. Soy consciente de la importancia de preferir la paz a la razón, día a día encaro soltar la sobre-exigencia y el control, paso a paso.

Mil gracias a todos en la Fundación Salud y en especial a Stella Maris por este milagro de transformación en la sanación de mi vida. Eternamente agradecida.

PABLO DE LA CRUZ SABOR DNI 22.962.274

Tuve cáncer en los dos pulmones, en los dos testículos y en el retroperitoneo entre 1995 y 2001. A pesar de atenderme en los mejores institutos del país, no logré sanarme hasta que conocí la Fundacion Salud. Ahí comprendí que mi enfermedad no era solo biológica y que no estaba en un centro alternativo y esotérico, sino en un lugar donde se practica medicina de vanguardia (bio psico social) y con apoyo de la ciencia como lo es la Psiconeuroendocrinoinmunología.

Ahí aprendí desde la inteligencia emocional a integrar y trabajar mi sanación, acompañado por la amorosidad que se respira en la fundación. Hace 9 años que estoy completamente sano, sane vínculos con mi familia y disfruto de la vida.

Es importante destacar que no hace falta haberse enfermado para vivir la hermosa experiencia de construir salud junto con otros, es un espacio donde volvemos a aprender a vivir y en donde desaprendemos muchas otras cosas que nos enferman.

Muchas gracias al equipo de Profesionales que conforman la Fundación Salud.

ALEJANDRO TACCO  Empresario.

Escribo este testimonio en un momento especial. Una vez más actuó la sincronicidad, hace una hora me llamaron de Fundaleu para confirmarme que mi tratamiento dió el resultado buscado y actualmente estoy libre de enfermedad y apto para el transplante de médula, última etapa en lo que se refiere a los procedimientos de la medicina en la lucha contra el linfoma cuyo diagnóstico recibí hace tres años, pero que recién este año se manifestara agresivamente.

Quiso mi destino que justamente a principio de 2010 llegara a la Fundación Salud, atraído intelectualmente por la propuesta de estudiar las distintas disciplinas en las cuales me había interesado desde hacía ya unos años.

Con el diagnóstico había comenzado un periodo de estudio y entendimiento sobre el sentido de nuestra existencia investigando caminos espirituales, religiosos, médicos, científicos, filosóficos, creencias pero por sobre todo un comenzar a conocerse uno mismo desde lo profundo del ser.

Mis expectativas iniciales para con la Fundación Salud fueron superándose permanentemente mientras transitaba el camino de encuentros, cursos, charlas junto a mi familia que me acompañó desde los comienzos en las frecuentes visitas a Luis Guillón. Fuimos sorprendiéndonos juntos a medida que escuchábamos atentamente a otros compañeros y a nosotros mismos manejando la problemática común: la influencia de los afectos y la comunicación en nuestras vidas, y lo tremendamente sanador de estar allí, entendiendo estos aspectos, que de repente hicieron pasar la enfermedad a un segundo plano para pensar en como vivir y compartir mejor.

A partir de allí la Fundación fue la guía y la contención para mí y mí familia en el difícil camino del tratamiento, cuando es necesaria toda la fortaleza que solo se puede generar desde uno mismo. Muchas gracias.

ELIRA LOMBÁN  Médica.

A los 33 años cuando la vida se desarrollaba según mis planes, casada, médica, con dos hijos, uno de dos años y una recién nacida de un mes, me palpé un tumor mamario, no necesité de muchos estudios para saber el diagnóstico y todo mi mundo se dio vuelta literalmente. Luego de pasar por la cirugía y los primeros meses de quimioterapia, mi necesidad de algo distinto que complementara la medicina tradicional hizo que diera con la Fundación Salud. Yo siempre creí que la fuerza interior todo lo puede, pero no sabía como direccionarla, eso fue lo que aprendí en el P.A.R.A, me dieron los conocimientos y herramientas necesarios para lograr salud física y sanación espiritual.

Hoy a escasos meses de cumplir cinco años de mi diagnóstico, disfruto del día a día con mis afectos, he aprendido a generar mis propias drogas endógenas y trato de ampliar el círculo.

Como médica recuerdo el poder de las palabras en un diagnóstico condenatorio, y me repito y digo a todo aquel que quiera escuchar, que hay que morirse de cualquier cosa menos de una estadística.

Los profesionales que trabajan incansablemente en la Fundación, se han convertido en amigos y familia para nosotros que a pesar de la distancia, ya que vivimos en Cippoletti, tratamos de mantener un contacto constante para continuar con nuestra evolución.

ANDREA GARRIDO  Ingeniera.

Viví una vida armónica, tranquila, como debe ser, como me enseñaron que debía ser, familia, marido, hijos, hogar, trabajo, y domingos de asado o ravioles. Ingeniera, dos más dos, siempre es cuatro, y así esta todo en su lugar..."la casa esta en orden" y " aquí no pasa nada" eran frases casi de cabecera.

Pero un día el tablero se desacomodó, cáncer de mama, mastectomia total, quimioterapia, rayos, y otras delicias varias, vinieron en tropel. Joder. Me quede mirando la pared. Cuando me di cuenta había pasado la primer oleada de cosas y ya se me había caído el pelo!!

Andrea, tenés que hacer algo mas!! Y ahí aparecieron las propuestas más extrañas, desde tratamientos médicos no probados hasta gorgojos!! Cada sugerencia que me hacían me parecía más y más ajena a mi. Hasta que alguien que no vi en mi vida mas de 2 horas puso en mis manos un libro llamado "Recuperar la Salud" de un señor Carl Simonton. Primer misterio. Me lo devoré. Y sentí que eso era lo que quería hacer. Cerraba bastante bien con una mente estructurada como la mía. Pero necesitaba ayuda. Sabía que sola no podía. Lo comento con una amiga que me dijo..."yo una vez fui a un lugar que me parece que trabajaban con gente con cáncer...fijémonos en la pagina!!! Y ahí sucedió el segundo misterio. ¿Con quién se había formado la directora de ese lugar? Con Carl Simonton.

Solita y con peluca me fui un día hasta allá. "Estoy enferma. Leí este libro y quiero hacer lo que propone, aquí me pueden ayudar???? Pregunté, recuerdo la sonrisa de Beatriz.... "Llegaste al lugar" dijo. Tercer misterio.

A la semana siguiente estaba haciendo el PARA. Yo!!!!!!!!!!! y con mi marido!!!!!!!!!!! Deberían conocernos para entender lo que significa. Dos ingenieros bien estructurados. Miles de veces mi mente preguntó ¿que estas haciendo acá? El acto más irracional de nuestra vida. Sin análisis previo. Sin saber casi de qué se trataba. Solo por intuición. Quizás por primera vez en mi vida supe lo que significaba saber algo, desde el corazón, y no desde la cabeza. Cuarto misterio.

De ahí en mas talleres, meditaciones, charlas, compañía, contención, amorosidad, un plan de sanación. Entender que curar no es sanar....y que dos más dos no es siempre cuatro. Hay muchos mas misterios que podría contar... Yo no lloraba, ¡¡ni cuando me dieron el diagnóstico!! Pero había una mujer de la Fundación que cada vez que me cruzaba, me abrazaba en silencio. Un largo abrazo, profundo, que me conmovía por dentro. Y solo en esos momentos me abría como una catarata. Después, nos separábamos sin hablar, una y otra vez, semanas y semanas. Les aseguro que un sólo abrazo de esos, vale acercarse a ese lugar.

Por Dios, aprendí tanto, me ayudaron tanto, descubrí tanto de mi misma, me animé a tantas cosas impensadas. La Andrea de hoy es mucho más feliz que la de antes de la enfermedad y la puerta a ese largo camino, en el que día a día sigo avanzando un poquito más, me la abrió la Fundación.

Sanar no es magia, es trabajo interior....pero con la Fundación Salud ayudándote es más fácil!

SILVIA BARBIERI   Comerciante DNI 16.665.925

Todo comenzó hace doce años, con una simple inflamación de ganglios y mucho cansancio, que terminaron llevándome sorpresivamente al médico. Mi asombro fue aún mayor con la derivación a un oncólogo. Cumplida esa visita, me encontré con un diagnóstico fatal: tenía enfermedad de Hodking en estado avanzado y la muerte esperándome a pocos meses. Los médicos me explicaban que se trataba de un linfoma, un extraño tipo de cáncer que suele aparecer en los ganglios linfáticos y puede extenderse hacia el bazo, el hígado y la médula ósea. Por primera vez, "muerte" no era una palabra que salía de mí: un profesional la decía. Remarco esto porque en ese entonces, ante cualquier contratiempo, yo exclamaba siempre: "Por qué no me moriré?!".

¿Qué estaba pasando? ¿Por primera vez, Dios estaba cumpliendo mis deseos? ¿Qué desatino era este, que justo ahora me empezaba a escuchar y nada menos que con la muerte? Yo me había separado y estaba sola con mi hijo, con un desequilibrio emocional y una situación económica desesperante. El diagnóstico era aterrador y el pronóstico aún peor: seis angustiantes meses de vida.

En ese estado me encontraba, cuando -casualmente- vuelvo a ver a una amiga. Llorando, le cuento por lo que estoy pasando y, luego de escucharme, me dice que conoce un lugar adonde va gente en situaciones de crisis o enfermedades graves, que está dirigido por una mujer y que podría hacerme muy bien; le respondo, con un ataque de ira, si había entendido lo que yo le estaba diciendo y, con toda mi furia itálica mediterránea, le grité:

"¡Me estoy muriendo y vos querés que vaya a una charlita de autoayuda!".

Pero los días pasaban y el miedo al tiempo que se acortaba crecía; así que, con un total escepticismo, acepté ir a una reunión.

Juro que nunca pensé que la iba a pasar tan mal. Una señora llamada Stella nos preguntaba a la audiencia por qué teníamos tanto miedo a la muerte, si es algo tan natural como la vida misma. Nos decía que éramos nosotros responsables de lo que nos acontecía y de la mirada que poníamos en las cosas; que nosotros debíamos hacer los cambios y no esperar a que lo hicieran los otros; hablaba de paz, armonía y equilibrio, de dar sin atenerse a los resultados; de la "maravilla del crecimiento del ser desde la incertidumbre y la impermanencia". Cómo podía entender esto, si yo venía de un hogar donde me habían enseñado que todo era para siempre y que la vida se basaba en la permanencia y la certidumbre.

En tal estado de sorpresa me encontraba, cuando mi amiga me llevó hacia Stella para que le contara lo que me estaba sucediendo. Ella me miró a los ojos, una vez terminado mi relato fatal, y preguntó: "¿Hoy no te vas a morir, no? Entonces, sentate y escuchá". Recuerdo que pensé: "Los pocos días que me quedan de vida, no los voy a pasar aquí".

A pesar de mis resistencias, algo interno me llevó a volver a ese lugar para seguir escuchando que todo lo que sucedía tenía que ver con nosotros y con nuestras elecciones. No sabía cómo tanta insensatez me atraía e iba por las calles llorando sin entender cómo de víctima había pasado a responsable de mi situación: ahora estaba en mí elegir cómo seguir. Encima, me decían que debía sanar vínculos con aquellos a los que yo responsabilizaba de todo lo malo que me pasaba, tanto en lo emocional como en lo económico. De esto se trataba mi sanación y no sólo mi curación.

Al poco tiempo, me invitaron a hacer el P.A.R.A. (Programa Avanzado de Recuperación y Apoyo) y acepté, creo que con la resignación que dicen que tienen los enfermos terminales.

Aquí realmente empezó todo. Desde ya que yo hacía, además, los tratamientos médicos: quimioterapias, biopsias, controles, con la misma fe que un orangután en misa. Completé la semana del P.A.R.A, y yo que me sentía tan desgraciada con mi vida -que hasta ese momento para mí era la peor- tuve la oportunidad de escuchar a otros, de conectarme con el dolor de otros, el sufrimiento, sus vivencias. O sea, que lloré una semana entera cuestionándome qué hacía yo ahí, penando, cuando me quedaba tan poco tiempo.

Sin embargo, como el miedo dicen que no es tonto, por las dudas empecé a poner en práctica el plan de salud, diseñado magistral y especialmente para mí una vez finalizado el programa.

Dos años tardé en comprender aquellas enseñanzas que me resultaron tan descabelladas, pero ya no con mi cabeza sino con el corazón. Me di cuenta de que era muy agresiva y crítica conmigo misma, fui descubriendo de a poco todo lo que tenía que agradecer a la enfermedad. Gracias a ella aprendí a amarme, a respetarme y animarme a mostrarme tal cual soy. Pude empezar a aceptar y a disfrutar la bendita incertidumbre y la impermanencia. Empecé a sentir la tibia y penetrante sensación de paz que da el perdonarse y perdonar. Experimenté el placer de la paz, cuando dejé de querer tener la razón.

Así fueron pasando los días y meses, mientras yo tenía tanta tarea nueva a realizar desde mí. La enfermedad iba perdiendo protagonismo; mi mirada se alejaba de mí misma y empezaba a ver a los otros con sus dolores, sus pérdidas, sus heridas. Así fue naciendo mi propio cielo, que tenía sus nubes, pero no dejaba de ser cielo.

De golpe tuve conciencia del tiempo transcurrido y de que yo seguía aquí. Los médicos no podían comprenderlo, estaban tan sorprendidos como yo, o más. Fueron años dificilísimos, en los que nada parecía darme una esperanza. Y ellos, a su vez, hicieron siempre muchísimo más de lo que podían. Me trataron con una paciencia prudente que si bien desconfiaba de las potencialidades de mi trabajo personal interno, nunca dejaba de desafiar ese destino terrible que prometía la enfermedad.

Y así, como lo cuento, vuelvo a emocionarme al decir, una vez más: la fecha del diagnóstico había pasado y yo seguía de pie, al costado de esa mujer que día a día jamás me daba tregua. Nunca un abrazo de más, ni un beso excesivo: como si alguna sabiduría superior le hubiese soplado al oído que lo que más me hacía falta como herramienta de vida era ponerme de pie, más allá de la vida y de la muerte; sentirme digna de ser. Tuve la bendición de sentir el amor de mis compañeros al transitar juntos este camino y nunca, en cambio, el juzgamiento ante el error.

Juro que no fue fácil parirme, porque para mí fue eso, mezcla de dolor y placer; de caer y levantarme, cada vez más rápido, sabiendo que más allá de todo tenía y sentía el agradecimiento de haber tenido la oportunidad de estar en compañía de seres muy queridos. Muchos de ellos hoy se encuentran en mi corazón, otros en la vida. Lo cierto es que esos seis meses de expectativa de vida del diagnóstico habían transcurrido hacía años, y mi pequeño milagro -el de salvar mi vida y tener la oportunidad de vivirla intensamente- había cambiado todo.

Desde lo físico, hace dos años que no tengo ningún tratamiento.

Hoy agradezco el despertarme todas las mañanas. Trabajo y vivo sin programación previa. Armo las semanas, una a una: este es mi ejercicio práctico de la incertidumbre.

No tengo lo que quiero, pero sí lo que necesito. Tengo una hermosa relación con mi hijo, ganada a fuerza de mostrarme con mis miedos, mis zonas sombrías y mis cosas bellas. Con el padre de mi hijo me relaciono aceptándolo y comprendiendo su sentir. Experimenté un dolor profundo cuando me di cuenta de que, si hubiera llegado antes a este lugar, nos habríamos separado igual, pero sin lastimarnos tanto.

Con mi madre aprendí a no querer cambiarla, a verla como es. Yo usé 50 años de mi vida -cifra no pequeña si tenemos en cuenta la desesperación que me dieron los seis meses- en querer cambiarla.

Hoy tengo 56 años. Amo esta vida y reconozco que lo más maravilloso que tiene es lo no vivido aún. Por fin -nunca es tarde- aprendí a transitar en una realidad sin fantasmas que permite al cuerpo crear salud en un eterno presente. Me siento con el privilegio y la responsabilidad de vivirlo en permanente agradecimiento, hasta que arda la última vela y se escuchen nuestras canciones.

BEATRIZ BENEDETTI  Abogada. DNI 13.295.011

Deseo destacar en este pequeño relato que llegué a esta Institución en busca de apoyo terapéutico, psicológico, moral y espiritual a raíz de la enfermedad que padecía en aquella época "cáncer de mama con prolongación en ganglios linfáticos". Con este testimonio, deseo compartir mi experiencia de vida, transcurrida a través de 11 años en los que permanezco participando en los seminarios que dicta trimestralmente la Fundación Salud. Es así como en mi largo transitar en esta maravillosa Institución, encontré lo que más necesita un enfermo de cáncer, tolerancia, amor, compresión, paciencia y todo eso acompañado de un apoyo científico y terapéutico de primera línea internacional. Tal circunstancia es de fácil comprobación en el P.A.R.A. (Programa de Avanzado de Recuperación y Apoyo) que se dicta en esta Fundación. Puedo hoy decir, sin lugar a dudas que gracias a este programa recuperé una Esperanza de vida que hoy se concreta día a día, pues ya llevo 11 años desde aquel diagnóstico poco alentador y estoy totalmente curada. Vaya con la presente, mi profundo agradecimiento a mi querida Fundación.

NÉSTOR ESTEBAN FERNÁNDEZ  Empleado.

En mayo de 1992, después de varios estudios me diagnosticaron cáncer de próstata. El tratamiento indicado fue radiación en la zona afectada, que se comenzó a principios de junio.

Mi esposa concurría en ese tiempo a la Fundación Salud, cuya directora, la señora Stella Maris Maruso dictaba cursos de relajación y meditación para mejorar la calidad de vida permanentemente deteriorada por el estrés y sus graves consecuencias.

Allí conocí el Programa Avanzado de Recuperación y Apoyo, donde se propone la modificación de actitudes para enfrentar los problemas que a todos se nos presentan, sin que por eso sean un castigo dirigido especialmente a uno. Hoy sabemos que esas actitudes afectan el sistema inmunológico que está presente en cada una de nuestras células, y no importa tanto su cantidad como su calidad.

Es así como comenzaron a aparecer las respuestas a las preguntas que con toda lógica, se hace quien recibe un diagnóstico como el que yo había recibido.

Me enseñaron que nuestro sistema inmunológico se afecta seriamente ante las tensiones, las peleas, las discusiones inútiles, y que por mucho resentir situaciones que consideramos nos hayan ofendido o afectado de alguna manera, no podemos cambiarlas puesto que los hechos y las realidades son inmodificables. De ahí que, esa primera pregunta del ¿por qué me enfermé? se fue transformando en el ¿para qué me enfermé?, ¿qué tengo que cambiar?

Por lo tanto, fui tomando conciencia de que la enfermedad me estaba indicando que debía cambiar mis actitudes frente a los inconvenientes. Con gran capacidad, Stella Maris -mediante sus charlas, durante la semana que duró el Programa- nos fue guiando a mí junto a otras personas en condiciones similares, a cambiar el enfoque de las cosas. El pasado debe quedar atrás, cortar con él definitivamente para evitar que nos siga haciendo daño, el futuro tampoco debe obsesionarnos al extremo de olvidar que el presente es la única realidad a vivir; y debemos hacerlo poniendo en él todo el aspecto positivo de la dicha de estar vivos, y agradecerlo permanentemente.

Yo hablé de herramientas y es que fueron reales herramientas de vida las que recibimos en el programa: pasando por pautas de relajación, meditación, juego para diversificar nuestras actividades, propósito en la vida, aprender a reír, a gozar de las pequeñas cosas, a amar a los demás y sobre todo a nosotros mismos, incluso cómo alimentarnos; y en especial, la gran herramienta que por lo general dejamos a un lado, que es el uso correcto y pleno de nuestra respiración como fuente de vida.

De más está decir que he continuado yendo a la Fundación para mantener vivas las consignas recibidas, y siempre encontré en Stella Maris la palabra y el consejo justo para ir afianzando el desarrollo de las actitudes correctas y sanadoras de mi vida.

Como culminación sé que : "Independientemente del desarrollo de la enfermedad, aprendí a tener una vida más sana y más plena; que en realidad es el objetivo del paso por este plano de existencia, y como corolario de esta sanación puede llegar la cura o el enorme alivio a los males que nos aquejan".

STELLA MARIS MONTONERI  Farmacéutica. DNI 10.114.123.

Espero poder trasmitir en palabras tantos años de vivencias, y tanto amor recibido.

Llegué a la Fundación Salud en febrero de 1991, buscando "algo más"; dentro de mí había una necesidad de búsqueda, de cambio. Me inscribí en el seminario que comenzaba en marzo; pero antes del inicio apareció el diagnóstico: cáncer de mama con metástasis en los ganglios linfáticos. Dos operaciones y la terapia con el acelerador lineal me impidieron aprovechar por completo mis dos primeros seminarios.

En octubre de 1991 asistí a las conferencias de personalidades médicas mundialmente conocidas, y que fueron invitadas por la Fundación: doctor Stanley Krippner, doctor Carl Simonton, la queridísima doctora Kübler Ross, la doctora Jeanne Achterberg con su terapia de imágenes y el simpático Frank Lewis. Todos ellos expresaron sus interesantes temas en el aula magna de la Facultad de Medicina de la U.B.A., la misma en donde en mis años de estudiante de Farmacia, había rendido exámenes. Esto sumó mucho saber a mi conciencia.

Finalmente, durante el mismo mes y año inicié las clases de Meditación Dinámica con la señora Stella Maris Maruso, y con ella sí que hubo un antes y un después en mi vida. Aquí inicié un camino interminable evolutivo, buscando la sanación espiritual. Con avances y retrocesos tanto en la salud como en la forma de enfrentar los problemas, siempre encontré y encuentro en ella, el mejor espacio de contención y de confort.

En 1991, mi padre también había recibido el diagnóstico de cáncer, la medicina lo desahució, por lo cual él decidió no hacer ningún tratamiento agresivo; él decía: "No quiero sufrir". Asistiendo a todas las armonizaciones, y a las clases de Meditación Dinámica, que le gustaban mucho, logró una sobrevivida de cuatro años, haciendo una vida totalmente normal, iba a su trabajo todos los días. Se fue en mayo de 1995 en paz, sin dolores y sin drogas calmantes. Yo lo amaba muchísimo y aunque parezca imposible, el trabajo interior que venía realizando me ayudó a despedirlo con dolor y gozo en mi corazón.

Poco después, debido a una difícil relación de pareja, tuve una recaída en mi enfermedad; estoy hablando de mayo de 1996, o sea, habían pasado cinco años de la primera. La separación me resultó y me es difícil. El año pasado hice quimioterapia, salía de allí y me iba a la Fundación para que Stella me hiciera un asentamiento; la sobrellevé bastante bien, tanto que nunca dejé de manejar mi auto.

Hasta ahora hablé del apoyo afectivo y energético que recibí, también quisiera resumir mis cambios y mi aprendizaje.

  • Una es el número uno en la vida de una misma. Si una no se ama, los demás no te aman. Si una no se ama, no puede amar bien a los otros. Si una no se ama, no encuentra la sanación.
  • Abrí y amplié las fronteras de los seres amados. Amo a todos, familiares, amigos, compañeros, el diarero, el del garaje, el del quiosco, el desconocido que se acerca; al que me lastima, comprendiendo que esta persona fue lastimada previamente.
  • Con mucho esfuerzo estoy aprendiendo a vivir el presente. El esfuerzo es porque una no vive aislada del mundo, y se distrae con las tentaciones y los problemas.
  • Aprendí que el cuerpo es muy sabio y nos avisa cuando algo anda mal, solo hay que saber escucharlo.
  • El silencio es necesario, porque los problemas se trascienden o se arreglan en estados de conciencia diferente al que se generaron.
  • Yo no soy el problema, yo no soy mi cuerpo, yo no soy mis emociones, tampoco soy lo que pienso.
  • Aprendí -cada vez que me sucede algo- a preguntarme: ¿Para qué?, en lugar del ¿Por qué? Y ¿Hasta cuándo?, que tiene que pasar más tiempo para ponerle punto final a esto.
  • Pude perdonar, cambiando la percepción de los hechos.
  • Que todo pasa, que todo lo que me está pasando -bueno o malo- también está pasando.
  • Que el poder está en el sentir y no en el pensar.
  • Que siempre todo está bien.
  • A ponerme de pie frente al dolor.
  • Que la vida es otra cosa, es un desafío que día a día debe ser vivido plenamente.
  • Que todos los seres humanos somos seres iguales y extraordinarios, con un enorme potencial que iremos descubriendo con la práctica de la meditación y con el sentir.
  • Que la enfermedad es un mensaje de amor a uno mismo, para que uno preste atención y haga los ajustes necesarios en su vida. O sea que uno se ocupe de uno.
  • El vivir la vida a través del sentir hizo que desaparecieran viejas y no saludables formas de pensar y de actuar; y me ayudó a descubrir un mundo encantado de sensaciones.
  • Que uno puede amar más allá de lo que el otro diga y haga. Uno puede amar a la distancia.
  • Que el poder está en uno.
  • Dejé de preguntar a otros, porque no necesito más que me mientan.
  • Aprendí a preguntarme, antes de hablar: ¿Mis palabras son necesarias, verdaderas, son amables?

La Fundación y Stella Maris me dieron todo: contención, entendimiento, todas las herramientas para ser cada día mejor persona; y esto se transformó en mi meta.

Vi cómo compañeros desahuciados por la medicina iniciaban una vida nueva, pudiendo con los trabajos personales con Stella y utilizando las herramientas que ella nos da, remitir la enfermedad, e iniciar una nueva vida. También fui partícipe de las muertes dignas de otros amigos que dejaron armonía en su entorno.

Como seminarista de años de la Fundación doy fe de que allí se les enseña a las personas a trabajar para limpiar y sanar el alma. Qué mejor para cada ser humano...

MARGARITA MÜLLER  Ama de casa. DNI. 3.235.660

Mi nombre es Margarita Müller, nací el 25 de diciembre de 1933 y padezco un cáncer de mama. Fui operada en el año 1990 y en 1996 de la mama derecha.

Conocí la Fundación Salud a través de un programa televisivo, a fines de febrero de 1997. Consecuentemente, hice el P.A.R.A. dictado por la Señora Stella Maris Maruso. Durante cinco días recibí información, entre otras cosas, sobre la "Química del Ser" y sobre la "Química del Hacer". En ellas se trabaja el uso de los sentidos, el ejercicio, el propósito en la vida, la respiración consciente, la humildad, el desapego, la tolerancia, etcétera.

Al finalizar este seminario, obtuve un plan de trabajo personalizado, acorde con mi enfermedad y mi personalidad que consiste en: respiración matinal consciente (baja la frecuencia cerebral), tres meditaciones diarias (equilibra los hemisferios), recreación, y la determinación de un propósito en la vida. También asistí a los variados talleres que allí se dictan.

Dos veces por semana se realiza la Meditación Dinámica, donde bailamos y luego meditamos. Guiadas por la señora Stella Maris, reflexionamos sobre la meditación escuchada, para ayudar al proceso evolutivo.

Cada tres meses nos armonizamos para alinear los centros magnos, los distintos cuerpos y para seguir con el camino evolutivo. Cabe destacar que soy viuda y tengo una hija de 25 años que también concurre a la Fundación Salud, a pesar de no tener alguna enfermedad declarada. Gracias a ello, logramos erradicar la crítica en las reuniones familiares. Ahora nos juntamos con el propósito de divertirnos, compartir experiencias y también evolucionar en familia.

Desearía comentarles que nunca dejé mi tratamiento oncológico en el Hospital Alemán, durante mi concurrencia a la Fundación. Es más, he realizado diferentes tratamientos: primero hormonales y últimamente una quimioterapia oral (Xeloda). En el año 1999, tuve una metástasis hepática de la que logré una remisión. A partir de enero del 2003, todos mis análisis e indicadores son normales.

NOEMÍ LEONOR ZLATE  DNI 4.851.739

En marzo de 1999 llegué a la Fundación con un diagnóstico de cáncer de mama. Esto no era lo peor que me pasaba, estaba destrozada completamente, mi relación familiar era una guerra eterna y sólo deseaba terminar con mi vida. Aquí encontré un espacio de paz, amor comprensión, donde fui valorizada como persona por primera vez en 55 años. Recibí el apoyo y acompañamiento en todo este tiempo y hoy luego de una operación y tratamientos puedo decir que estoy en otra etapa de mi vida. He restituido y reconstruido mi relación familiar y mi relación con la vida.

No tengo más que agradecer a la Fundación por acompañarme en las buenas y en las malas.

MARÍA VIRGINIA MELONI  Médica. DNI 11.681.099

Me llamo María Virginia Meloni, tengo tres hijos. Soy médica y en 1996 me diagnosticaron un cáncer de mama estadio II. Hice el tratamiento médico indicado, psicoterapia y algunos cambios, y evolucioné bien durante cinco años.

En el 2001, en el control me encuentran un cáncer en la otra mama; y poco tiempo después de haber terminado con el tratamiento, comencé con un dolor en la columna y en la pelvis que resultaron ser metástasis. Parecía que la enfermedad se hubiera incendiado.

Para mí, siendo médica -de fuerte formación académica, soy cirujana, fui jefe de residentes, hice distintos masters y cursos científicos en la especialidad- esto significaba que en un par de años iba a estar muerta.

Fue una situación de mucho dolor y desesperación, fundamentalmente pensando en mis hijos porque, a decir verdad, la vida para mí hacía rato que se había convertido en algo poco estimulante, sin mucho más sentido que el que le daba a la responsabilidad de criar a mis hijos.

En medio de toda esta tormenta pude empezar quimioterapia -por tercera vez-, radioterapia, etcétera. Me acerqué a la Fundación por unos Seminarios, los del doctor Simonton. Me inscribí, pero como faltaba cerca de un mes para que se realizara, me hablaron entonces del trabajo de Stella Maruso como bioenergetista. A pesar de que me explicaron algunas cosas acerca de esto, a mí me resultaban en absoluto desconocidas y fuera de mi marco de referencia intelectual.

De todos modos y gracias a Dios (literalmente), acepté ponerme en manos de Stella para uno de estos trabajos. Así fue como conocí a Stella y estuve con ella por primera vez, en un contexto muy ajeno a mi. Me sentí totalmente sostenida, protegida, y amada; y por otro lado, me despertó un amor que hacía mucho no había sentido por otro ser humano. Pero lo más espectacular fue el cambio inmediato. Pasar de ser una persona agobiada, resignada a una condena a muerte y sufrimiento a alguien lleno de esperanzas y alegría.

A partir de ahí hubo muchas transformaciones. Nadie al verme puede creer mi diagnóstico. Por otro lado, en el P.A.R.A. aprendí muchísimos recursos -y sus explicaciones científicas- para mejorar mi estilo de vida y convertirlo en un estilo que genera salud y no enfermedad. También cambiaron a partir de esto mis vínculos más cercanos. Por ejemplo, mi ex marido se convirtió en este proceso, en un compañero para la sanación.

Pero la mayor transformación fue la espiritual.

Así llegué a mi estado actual; las metástasis se estabilizaron a pesar de haber suspendido la quimioterapia, ya que no estaba siendo efectiva. No sé si me voy a curar totalmente, sí sé que me estoy sanando, que llevo una vida plena y feliz como nunca antes había vivido, sin que las circunstancias externas hubieran cambiado demasiado. Hoy siento que la vida vale la pena, que estoy más viva que cuando tenía veinte años y estaba "sana". Físicamente, me siento absolutamente sana, sin molestias y con una gran vitalidad. Y con respecto a la muerte, sé que nadie puede decir cuándo y por qué va a ser; pero sí tengo la certeza de que cuando llegue me encontrará confiada y en paz.

ALICIA CAMPOREALLE  Ama de casa. DNI 6.033.754

En julio del año 2001 fui sorprendida con un diagnóstico de cáncer de mama. En ese momento, la angustia y el miedo me paralizaron. Los tiempos se acortaban. Hice un balance de mi vida y me di cuenta de que a pesar de los años vividos, muchas cosas me quedaban por experimentar.

Tenía miedo al sufrimiento y a la muerte. Me esperaban tratamientos agresivos que no sabía cómo iba a enfrentar. En medio de esta situación llegué a la Fundación Salud. Mi primer encuentro con Stella Maris Maruso fue a través de la armonización. Stella Maris realizó pequeños y suaves toques sobre mi cuerpo. No hubo palabras, solo una gran emoción y una sensación de paz que se renueva en cada armonización. Dos días después recibí un "estado de gracia" -así lo sentí-, mi primera sesión de quimioterapia. Siguieron seis aplicaciones más y dos operaciones.

Participo desde entonces semanalmente en las meditaciones con Stella y en los distintos talleres Fui invitada a participar en el P.A.R.A., allí me entregaron mi plan de salud personalizado; y en la Apoyatura P.A.R.A, un espacio de contención y aprendizaje donde intercambio experiencias con mis compañeros. Aquí aprendí a darme cuenta de que no soy la única persona que está atravesando una situación difícil.

Atesoro cada experiencia compartida y esto me permite mirar siempre para adelante. Siento que todos somos uno, como sostén en la adversidad. Aprendí a aceptar la enfermedad. Su "para qué" me hizo notar que estaba literalmente anestesiada, siempre mirando hacia fuera, atada a las obligaciones. Hoy mi atención está dirigida hacia adentro. Puedo buscar en mi interior y descubrir mis propios recursos, que facilitan la resolución de los problemas que se presentan a diario. Estoy en primer lugar y desde ahí puedo brindarme con plenitud a los otros. Siento paz y busco paz. Vivo intensamente cada día: el hoy. Puedo estar y sentirme bien aun en los momentos difíciles. Hoy elijo lo que siento que es mejor para mí. Estoy despertando a nuevas sensaciones. Me siento íntegra.

Mi vida empieza y termina con un "Gracias a la vida" por darme una nueva oportunidad. Cada día, con sus alegrías y desafíos, me ayuda a crecer.

ELSA POLETTI DE SOTO ROMAY

Concurro a la Fundación Salud desde hace más de 15 años. Llegué en mayo de 1993 con muy pocas expectativas de vida. Así yo lo sentía aunque no supiera con exactitud que las probabilidades de sobrevivir eran del 5 al 7%.

No creo en milagros, pero que vivo, y mucho mejor que antes, es una realidad. ¡Y tantas cosas he aprendido!! A agradecer todos los días el levantarme de la cama; a comprender al prójimo aunque no nos guste, a ayudar a los demás sin esperar nada a cambio, a bajar los decibeles de nuestro ego etcétera, etcétera.

Aquí recibí apoyo, confort, comprensión e información para despertar dentro de mí esa lucecita que en todos existe y cuesta tanto encontrarla. Concurrí a los diferentes talleres, hago meditación, escucho atentamente las enseñanzas y propuestas diferentes y siempre encontré apoyo. También veo y escucho que pasa con otras personas. Siempre hay comprensión y propuestas. Es un ámbito de calidez y contención difícil de encontrar. En estos años sólo vi transparencia, respeto y amor al prójimo. La mejor enseñanza es el ejemplo y en esto la Fundación nunca me ha defraudado. Hoy estoy totalmente recuperada. Con todo mi amor atestiguo que todo cuanto he dicho es cierto y Dios quiera estas palabras puedan ser leídas por muchas personas que quizás están atravesando momentos dolorosos. Podemos hacer mucho por nosotros mismos, solo necesitamos que nos orienten.

NORMA DELBOSCO  Artista plástica. Docente. DNI 2.926.712.

Nací en un país de los llamados del Tercer Mundo y soy latinoamericana de ascendencia española e italiana. He sido militante de izquierda en los años de la ola revolucionaria mundial.

Formada en la religión católica, a los 19 años viré hacia un eventual ateísmo. No intento escribir mi autobiografía sino esbozar mi procedencia, para ilustrar la total transformación que se ha producido en mí desde mi llegada a la Fundación Salud. No he sido ni una católica ingenua ni una militante fanática. Voraz lectora, siempre he cuestionado lo que se me quería imponer. Sincera y entusiasta, en cada caso me entregué y trabajé poniendo en práctica aquello en lo que creía. Mi propia vida y la historia del mundo de los últimos años me autorizan a decir que esos no son los caminos.

Deseo aclarar que soy docente y artista plástica, ello significa que aquellos caminos no eran el sustituto de una vida vacía y sin objetivos.

Tampoco es una cuestión de edad. (Al menos eso creen algunos jóvenes que me dicen que, al ir perdiéndose la juventud, se llena el hueco con prácticas espirituales). Sucede que el vivir nos pone ante instancias (en los hechos trágicos o dramáticos, esto es claramente evidente) en las que constatamos que, aunque utilicemos toda nuestra capacidad, nuestra experiencia, nuestra habilidad, la resolución o la concreción "se nos escapa". Algo maneja desde otro lugar. Aquí aparece la presunción de que algo invisible e inteligente mueve los hilos. Se diría que al pasar el tiempo y experimentar otros senderos, se van descartando los que no conducen a ningún lugar o al lugar equivocado. Claro, esas otras sendas consumen tiempo de vida. Y desde que concurro a la Fundación Salud sé que, y fundamentalmente, devoran nuestra energía. Fritjof Capra, con su libro El Tao de la Física, terminó de borrar mis suspicacias.

Cuando asistí al primer intensivo de Stella Maris, sentí que había encontrado mi lugar. No eran solo sus palabras (las mismas que han utilizado los sacerdotes, guías espirituales o maestros desde siempre). Era la profundidad de su mensaje, su equilibrio, su ferviente llamado al Amor incondicional. Era una convocatoria a la grandeza del alma, a la práctica de las antiguas y relegadas virtudes humanas. Al valor de lo sencillo. Su estremecedor acento sobre el palpitar de la vida. Pero no desde el conocimiento o la información sino desde el sentirse Uno con la Creación, que es sentir todo el despliegue de creatividad e intenso amor que expresa la existencia.

Stella Maris, un ser de luz que se da día a día sin medida, hasta el agotamiento, solo que su umbral de cansancio está mucho más lejos que el nuestro. Su voz dulce acaricia nuestras almas, tan necesitadas de armonía y calma. Su clamor por la Vida en sí misma acelera nuestra sangre y vigoriza nuestra vitalidad. Nos habla de Psiconeuroendocrinoinmunología, de péptidos, de drogas endógenas, del cerebro eléctrico, del novísimo cerebro químico. Y nos cuenta cuentos... cuyo significado escondido debe encontrar cada uno de nosotros... sus pequeños niños en lo espiritual. Con robusta paciencia trasvasa gota a gota su sabiduría a nuestros enmohecidos recipientes. Ella sabe que muy poquito a poco nuestros receptores van desalojando aquello que los intoxica, preparándose para recibir lo nuevo.

Obrera y reina espiritual. Obrera por su irrenunciable tarea realizada con la máxima humildad. Reina por la majestad de su ser, Maestra y compañera. Fuerza y dulzura. Ejemplo de coherencia. Mujer y madre. Rigurosísima en el lenguaje, indefectiblemente enmarcado dentro de lo científico. Inteligente, veraz, diariamente amalgama con solvencia y soltura, ciencia y espíritu para regocijo y evolución de todos nosotros. Nos induce a integrar nuestro espíritu, nuestra mente y nuestro corazón, puntualizando que en esta labor, el cuerpo es el componente fundamental e indivisible, no "la carga que llevamos". Sus meditaciones con visualización nos van conduciendo con suavidad y en los tiempos precisos hacia "vuelos de liberación". ¿De qué? ¿De nuestra alma? ¿De nuestra mente? Certera, nos coloca sin resistencia en un espacio sin bordes ni fisuras. Luminoso, ingrávido, vacío de deseos e incomodidades. Pleno en la más absoluta plenitud. Al regresar, nos hemos modificado definitivamente. Cuando la vida vuelve a sacudirnos, la añoranza de esos estados evoca que somos luz, como sostiene la física actual. Conscientizar que somos partículas y ondas de luz, vuelve relativo el mundo conocido y trastoca nuestra percepción. El impacto que produce la aparición de este concepto en nuestro paisaje es tan trascendente que al principio lo ignoramos. Que nuestro cuerpo es la voz de nuestro ser y no la voz de nuestra psiquis requiere, para ser asimilado, práctica constante de relajación y meditación. Pero ya nada será igual.

Desde septiembre del 2000, en la cicatriz interna de mi axila operada se halla alojado un tumor de 14 milímetros en estado estacionario. "Mi inquilino" -como le llamo- me recuerda que aún faltan importantes cambios para efectuar en mi vida. El cáncer es para toda la vida. Ya que es vitalicio el sustrato en que apareció. De ello se deduce que lo apropiado es trabajar sobre el sustrato, por tanto, la persona y el ser. Esto es lo que hacemos en la Fundación Salud. Efectúo en fecha los controles oncológicos pertinentes. En cada uno de ellos, la oncóloga me repite: "Yo quisiera hacerte algo". Mi respuesta también es invariable: "Lo sé, gracias por respetarme". Hemos logrado establecer un vínculo cordial.

Ante el vaciamiento de contenido de la vida contemporánea, alimentado por los medios masivos de comunicación que infatigablemente nos coaccionan hacia la globalización light, escuchar el mensaje de Stella Maris nos ayuda a "volver a casa", a nuestro propio centro, a nuestro lugar seguro y cálido.

"Todos somos dioses, pero ninguno es santo", ha dicho en alguna ocasión Stella Maris. Diluye así toda fantasía que suponga que emprender un camino espiritual nos exime de nuestra condición humana.

MARTA BONIN  DNI 11.131.732

¿Qué es la Fundación? Yo vine con un diagnóstico médico muy negativo. No hay más tratamiento para el cilindema de tráquea. Sólo radioterapia que ya fue hecha hace un año y medio. De ahí en más, quedaba expuesta, vulnerable. Después del año y medio se me presentaron metástasis en pulmón e hígado. Ante esto, algo había que hacer. Llegué así a la Fundación, aprendí aquí a vivir, a no aferrarme a la vida, aunque sí a amarla. Aprendí a no ser esclava de mi enfermedad. La enfermedad no me tenía a mí, sino que yo tenía una enfermedad que me "ayudo" a crecer, pues no hubiera llegado aquí de no haber sido por ella. Aprendí a no apegarme tanto a mis hijos y a darme el primer lugar en mi vida. ¡Caramba, esto sí que es demasiado! Por eso desde enero del 2001 estoy en la Fundación habiendo recorrido 480 km. desde mi pueblo (Daireaux) y vengo tres días por semana. ¡Por mí!

EDITH VÉLEZ.  Psicologa. DNI 9.990.270

La Fundación Salud es una enorme contribución a la salud física y espiritual de los que asisten a ella. Hace dos años llegué a esta casa aquejada por una grave dolencia física, prácticamente desahuciada por la medicina tradicional. Llegue angustiada profundamente triste, desesperada, agobiada por la enfermedad y preocupada por el dolor que involuntariamente causaba en mis seres queridos. El mensaje y trabajo que realiza la Fundación y sus colaboradores en procura de la salud física, psíquica emocional y espiritual es de tal trascendencia y magnitud que tocó muy vivamente en mí, me abrió nuevos caminos insospechados hacia mi sanación, una nueva visión de mi misma y del ser humano y de lavida. Este profundo y renovador cambio que se va operando en mí, día a día, también alcanza a mis seres queridos a quienes La Fundación y sus integrantes sostiene, con incasable vocación de servicio, acompaña, acoge, orienta, cuida, atiende y les provee de toda la información, confianza y seguridad que ellos necesitan.

Como argentina que ha recorrido un poco el mundo y ha vivido algún tiempo en otros países, experimento un sentimiento de enorme orgullo de que en nuestro país contemos con una Fundación de esta naturaleza, un lugar que exalta los valores más hermosos del ser humano y ayuda a desarrollarlos en salud, bienestar y progreso personal. Siento un profundo respeto, amor, admiración y gratitud hacia la inalterable labor que realizan todos los integrantes de La Fundación Salud.

Para todos ellos muchas, muchas gracias.

CRISTINA FEIJOO  DNI 10.728.456

Llegué a la Fundación hace aproximadamente trece años, luego de una enfermedad y ya concluidos los tratamientos indicados por los médicos. Buscaba llegar a la salud, ya que la medicina y sus estadísticas no estaban a mi favor. Encontré maravillas y personas maravillosas y descubrí que la salud tiene aspectos que deben estar en armonía y equilibrio, tanto los psíquicos, emocionales como los espirituales. Descubrí el sentido de las palabras "desapego" y "aceptación"; a vivir cada día intensamente, a permitirme jugar, sorprenderme, a poner algún granito de arena para dejar un mundo mejor, a ponerme en el lugar del otro, a abrazar, a vivir el hoy, a abrir mi corazón. Descubrí el sentido de la vida.

Es un hermoso camino para recorrer y cada día me sorprende con su gratitud, con su perdonar y perdonarme cada vez mayores, con una comprensión totalmente diferente de las cosas. Más amplia, abarcadora.

El día en que terminé mi P.A.R.A. comenzó lo mejor, y este convencimiento lo renuevo con cada nuevo programa, compartiéndolo con otros compañeros de ruta; compartiendo sus dolores, sus alegrías, sus emociones, sus cambios, sus vidas. La señora Stella Maris lo conduce de una manera magistral.

Tengo un sueño y es que todas las personas, con salud o sin ella, puedan participar en un Programa como este, para nutrir y sanar sus vidas y las de las personas que los acompañan en esta experiencia terrena.

He comenzado a descubrir y a disfrutar mi otro yo, que en realidad no era otro, sino una parte desconocida que se va integrando cada día más.

Y estoy aquí, en el presente, dando paso tras paso, a veces rápido, a veces lento, pero con la certeza de que en este camino encontraré todo lo que necesito.

Algunos testimonios están extractados del libro "El laboratorio del alma", Buenos Aires, Ediciones B, 2009


Volver arriba