Testimonios - Trastornos Emocionales
Llego a la Fundación en 1996, con solo 21 años, con una gran Crisis emocional (confundida, angustiada, deprimida y con necesidad espiritual).
Durante un año, previo a mi llegada, recorrí muchos especialistas de la salud mental, quienes no comprendían que me sucedía. Fui medicada, y tratada con las terapias tradicionales, que no producían ningún avance positivo, solo me generaban más angustia y desesperanza. Sentía que estaba viviendo una pesadilla de la cual no lograba salir. Fue un año de mucha desolación, donde no veía ni una pizquita de luz. Gracias a Dios y de la mano de un familiar que me acercó a una charla informativa de la tarea que realiza la fundación, decidí comenzar el Seminario de Inteligencia Emocional.
Estoy feliz de haberlo empezado, a partir de toda la información que recibí, trabajos vivenciales, la compañía incondicional de Stella y compañeros, fui saliendo del pozo en el que me encontraba. Luego hice el P.A.R.A, clave en la recuperación; me enseñó una nueva manera de vivir y relacionarme.
Con esfuerzo y ayuda logré aquietar la mente, sentir estados de paz nunca antes experimentados, cambios en la percepción y plenitud. Los vínculos familiares y amigos se tornaron más amorosos y principalmente descubrí que en mi interior existe todo el potencial para salir adelante ante cualquier situación o circunstancia adversa de la vida.
Doy gracias a la Fundación Salud (mi segunda familia), a Stella Maris, mi gran maestra en esta vida y a mis compañeros, por estar conmigo siempre en los buenos y malos momentos.
El haber llegado a la Fundación hace 6 años, fue en el momento más crítico de mi vida, había fallecido mi mamá y yo estaba muy mal, no solo eso, sino que mi esposo enfermo entró en una depresión, si no hubiera sido por la Fundación Salud, no habría sabido como salir adelante.
Al poco tiempo mi esposo falleció, la Fundación también lo ayudo en poder partir como él se merecía, sin sufrir y sin tenerle miedo a la muerte. Fue ahí donde la contención que me han dado hizo que mi duelo fuera llevado de la mejor manera posible y por último mi hijo mayor, que después de su padre quedó muy mal anímicamente, con miedos y ataques de pánico, está haciendo un cambio en su vida gracias a la Fundación. Aquí aprendí a ver las cosas de otra manera. Quiero agradecer profundamente a todos los integrantes que en mayor o menor medida, siempre están conmigo.
Hoy quiero compartir con ustedes mi experiencia vivida en la Fundación. Llegué a la Fundación con un estado de angustia y muy deprimida. Me inscribí y comencé a asistir a los Seminarios, y gracias a ello pude recuperar el valor que tiene estar vivo, recuperé la esperanza y también comencé a sentirme mejor conmigo misma, es decir, miles de manos, abrazos, palabras, tendidas hacia mi persona sin conocerme me empujaron amorosamente a que yo misma pudiera salir del estado en que me encontraba. Por eso estoy muy agradecida a la fundación por lo que me ha dado y me sigue dando día a día, y ojalá que muchos seres puedan pasar por este lugar, porque es un gran beneficio para toda la sociedad argentina.
La Fundación, desde una macro perspectiva es un aporte a la invisible salud, orden y paz de la sociedad. Con su trabajo incansable esperanzado y concreto, brinda las herramientas para que cada uno de nosotros, los seminaristas, cambiando la visión de nuestro pequeño gran universo podamos construir y reconstruir el orden y la armonía necesarios para regresar a la salud física, mental y espiritual. Se aprende con la entrega y el amor incondicional, y la paciencia incansable de su fundadora y sus fundamentos: sus conocimientos científicos y sus conocimientos del alma. En lo personal siento que este lugar está posibilitando un segundo nacimiento, para ser "ser humano", sensible, compasivo, integrado, es un camino hacia la salud integral, en la aceptación de lo mejor que tiene la vida. Es una maravilla observar las estupendas regresiones y/o mejorías de enfermedades graves al seguir el camino del orden que construye y no del desorden que desintegra.
Me dirijo a ustedes para relatarles mi experiencia personal al ingresar a la Fundación Salud. Cuando comencé en dicha formidable institución el programa denominado P.A.R.A. (Programa Avanzado de Recuperación y Apoyo), en el que, durante cinco días y en forma intensiva y exhaustiva, se nos informaba acerca de la influencia de los estados de ánimo y de las emociones sobre el sistema inmunológico humano, y la consiguiente aparición de enfermedades, los estragos que produce el estrés y las exigencias de la vida moderna sobre la salud de las personas. Y fundamentalmente, la forma de ir corrigiendo, en forma gradual mediante cambios de hábito, dichas nefastas consecuencias. Desde hace ya once años, padezco de tiroiditis auto inmune, y en el mes de enero del año 2000, me fue diagnosticada depresión bipolar. A pesar de toda la medicación que me fuera suministrada no lograba rescatarme de la profunda depresión en la que me encontraba inmersa desde hacía mucho, pero mucho tiempo. Mi participación en el P.A.R.A. se desenvolvió en un clima sumamente amoroso y contenedor, en donde la gente, aún los que se encontraban sumamente enfermos o doloridos, se sentían seguros, como en "su casa", gracias a la calidez y a la profunda calidad humana de la señora Stella Maris Maruso y sus colaboradores. Asimismo, pude informarme acerca de la psiconeuroinmunoendocrinología, las técnicas de relajación, de respiración, de movimiento, y el Plan de Salud que me fuera entregado a su culminación, plan éste elaborado para cada uno de los participantes y que suministra, con todo detalle, las pautas que han de seguirse para retornar a la sanación. Sólo puedo decirles, a modo de síntesis de la experiencia, que hoy, gracias a la Fundación y su magnífica labor, comparativamente es mínima la cantidad de medicación que tomo y mis hijas están contentas porque oyen nuevamente a su madre reír.
Quiero brindarles el testimonio sobre mi experiencia en la Fundación Salud, lugar al que concurro desde marzo de 1994, en búsqueda de sanación. Desde que tengo uso de razón he tenido depresión, y recorrí todo un camino de terapeutas y psiquiatras, camino en el que no había logrado encontrar la solución. Hasta que a los treinta años me recomendaron a la Fundación Salud. Por primera vez en mi vida, experimente que el problema que me aquejaba tenía la solución. Se trabaja con mucha claridad, conocimiento, contención, seriedad. Y sobre todas las cosas con muchísimo amor. Para mí representa un segundo hogar, en el que encontré una gran familia del corazón. Fundamental para recuperar las ganas de vivir. Todos compartimos nuestras penas y alegrías, sanos y enfermos. Presencié muchos milagros de personas que llegaron a la Fundación con la sentencia de un diagnóstico adverso, cuyo pronóstico de vida era cuestión de días o meses. Los he visto como día a día han aprendido a movilizar sus propios recursos, con las herramientas que les brinda dicha casa. Y lo más importante, han podido remitir la enfermedad. En mi caso encontré un equipo de personas entre ellos profesionales que me ayudan incondicionalmente. Sentí que nunca más iba a estar sola con mi problema.
Hace dos años tuve la desgracia de quedarme sin trabajo. Actualmente soy una desocupada más en este país. Son momentos difíciles de sobrellevar, sus integrantes siempre están a mi lado. Podría escribir páginas y páginas hablando de la Fundación, pero creo que en esta página sintetizo lo vivido allí. Es una de las mejores cosas que me pasaron en la vida.
Conocí la Fundación Salud en julio de 1999, por intermedio de una amiga. Ella me había hablado en varias oportunidades, pero para la época yo estaba practicando tai-chi cotidianamente y entre la falta de tiempo y dinero, ese momento no llegaba.
Cuando empecé a percibir en poco tiempo los cambios en mi amiga; ahí realmente comencé a darme cuenta de que allí sucedía algo importante.
Concurrir a una meditación fue una experiencia nueva y sumamente anhelada, la sensación de pertenencia muy muy fuerte, de "yo" pertenezco a este lugar. Haber conocido a Stella Maris fue el regalo más grande en muchos años, mi corazón me decía muchas cosas. Ella hablaba y todas las piezas de un rompecabezas iban encajando, ella tenía la virtud de ordenarlas; como si fueran bombones en una caja. Era algo maravilloso.
A pesar de haber estado en diversos trabajos y grupos, nunca había sentido esto.
Al tiempo, una serie de sucesos dolorosos me puso en situación límite, crítica y decidí hacer un seminario. Sentía que mi corazón estaba cerrado, bloqueado. El trabajo de la Fundación, el contacto humano, la gran contención, el amor que allí circula me ha resultado sumamente sanador.
Al año, pude ver el cambio importante en las relaciones vinculares.
La Fundación me ha ayudado mucho en todos los sentidos: expresión, comprensión, paz, alegría del puro estado del ser, percibir la presencia de ese mundo invisible y buscado.
También pienso que si apenas pude ver un pétalo o menos, de un jardín de rosas ¡cuántos jardines, glorietas y florestas quedan por delante! Y lamento poder plasmar tan poco de todas las enseñanzas; también pido al cielo paciencia, gracia, paz, entereza, fuerza para poder caminar por la vida con integridad en sus experiencias múltiples -ya que este camino no es sendero cómodo o fácil, sino que a veces resulta sumamente doloroso- para finalmente arribar a alguna comprensión; hasta quizás tener conciencia y salir de la rueda de Buda.
Agradezco tener la oportunidad que me brindó la vida de estar en este lugar y ser parte de ese "corazón compartido" que existe entre distintas almas.
¿Cómo encontrar la palabra que pueda expresar lo que la Fundación brinda? Decir que es un lugar donde el amor incondicional al prójimo y la vocación de servicio de sus integrantes son el motor que lo sostiene, sería insuficiente. Sólo estando allí se pueden vivenciar dos sentimientos que se generan. Desde el más simple de los muchísimos talleres del Seminario de Inteligencia Emocional, hasta el completísimo Programa Avanzado de Recuperación y Apoyo (P.A.R.A.), todas las actividades, que se realizan, brindan un gran aporte, tanto a la salud física como a la mental y emocional. La contención afectiva es tanta que he sido testigo de la transformación de personas que estando hoy alegres, vivaces felices y saludables, eran, unos meses atrás, la imagen de la desolación y la angustia. Esto no es magia, como tampoco lo es la sanación de enfermos "terminales", que habiendo llegado postrados y sin nada mas por hacer según sus médicos, hoy bailan ante el estupor de esos mismos médicos. Este es el resultado de lo excelso del P.A.R.A. que, basado en el mundialmente reconocido método del Dr. Carl Simonton para enfermos de cáncer, contempla a la salud en forma integral aumentando la capacidad del sistema inmune para vencer a la enfermedad y sobre esta terapéutica, puedo dar fe ya que he sido operada de cáncer de mama hace cinco años y gracias al programa del Dr. Simonton pude sobrellevar mi enfermedad y su tratamiento médico con dignidad, fe y alegría. El P.A.R.A. es conducido por Stella Maris Maruso, alma mater de la Fundación y un ser más que excepcional que emana amor por todos sus pares y para todos. No hay palabras para agradecer todo lo que ella y sus colaboradores, en todos los niveles brindan. Por ellos aprendí que se puede vivir cada día mejor, que se puede amar incondicionalmente, que se puede ser más solidario, que hay que tener un propósito en la vida, que hay que vivirla intensamente y que estas actitudes generan en el cuerpo la química necesaria, para vivir saludables y en paz. ¿Qué más se puede pedir?
Fue justo cuando lo necesitaba que oí de la Fundación Salud. Entonces yo tenía mi vida con el acelerador atascado, o sea siempre al máximo, sin posibilidad de cambiar. Trabajaba con excelentes resultados pero sin darme cuenta que la vida me pasaba al lado. Después de los primeros seminarios fui dándome cuenta que yo también existía. Siempre me ocupé mucho de mi familia pero aquí aprendí a desocuparme y sólo amarla y comprenderla. Gracias a los distintos talleres fui aprendiendo a "ver" a los otros, a mis hermanos, a mis amigos, a la gente de la calle. Tuve que cerrar mi negocio después de 20 años y me sentí sostenida por la Fundación, aquí todos son auténticamente amorosos y desinteresados, encontré palabras de aliento y comprensión. Luego la muerte de mi padre, la posibilidad que tuve de cuidarlo desde un verdadero lugar de amor, sin esperar nada. Siento que me ayudaron a hacer un cambio muy grande dentro de mí. No encontré ninguna exigencia, sé que sólo hubo amor, que las respuestas a mis preguntas me hicieron y me hacen reflexionar. En este momento de mi vida de todas las vidas cuando el mundo está completamente loco y atacado por el deseo de poder y dinero, encontrar un lugar como la Fundación donde no hay un solo credo, donde hay libertad absoluta, donde la sanación es lo único a desarrollar, porque todos necesitamos encontrarnos y ser, para habitar un mundo mejor. Este es un lugar donde te entregan herramientas para vivir mejor, uno las elige. Hay muchos Seminarios en el año, uno los usa como siente, como puede. Agradezco la enseñanza de poder valorizar todo lo que tengo, todo lo que soy y las posibilidades de planear mi vida mejor.
Mi testimonio como persona que desde 1991 acudo desde Viedma (Río Negro) a la Fundación Salud, centro de Salud. Esta casa re-significa mi servicio a través de lo recibido en cuanto a ser, primero mejor persona para conmigo misma y por su puesto que ello se volcó a mi trabajo. Recibí amor incondicional conocimientos científicos que hicieron y hacen que ahonde con pasión en mi profesión, pero más aún los conocimientos, recursos de salud, trato amoroso. Me ayudan y ayudaron a conocerme cada día más para limar mis asperezas y dejar surgir en mí "lo esencial" que es el amor a la vida y a las vidas con quienes en este hoy comparto experiencias. Hace casi 20 años que hago miles y miles de kilómetros, este espacio es tan importante sino, no seguiría viniendo desde tan lejos. Desde Viedma somos muchos y hasta se han podido ver y palpar experiencias de vidas que podrían haber dejado este mundo y aún están gracias a los recursos activados por las enseñanzas de los profesionales de la Fundación. Hay una palabra que creo y siento encierra todo lo que podría decir en este lugar. GRACIAS... GRACIAS... GRACIAS… Gracias por sanar mi alma, mi cuerpo, mi mente y sacar o ayudarme a sacar a la LUZ (que es salud!) a mi ser. A vivir en plenitud a pesar de los obstáculos que siempre los hay. Vale la pena acercarse a este lugar.
Durante 50 años de mi vida estuve en la búsqueda constante, siempre sentí que había algo que me faltaba. Sentir el vacío en el alma creo que es alguno imposible de describir. Recorrí muchísimos lugares buscando algo... no sabía que era lo que buscaba en realidad... En un viaje a Salvador de Bahía conocí a un ser, para mí bellísimo, pues me recomendó que viniera a conocer la Fundación. Al volver del viaje, totalmente fascinada por el mismo, seguí sintiendo que algo faltaba para que la dicha fuera completa. Con un vacío muy grande en el alma, me presente en la Fundación preguntando de qué se trataba el lugar. Solo me dijeron: "no se puede explicar con palabras"... "solo tenés que darte el permiso de vivir la experiencia"... y sin dudar, confiando plenamente en ellos. Comencé mi camino evolutivo.
Aquí descubrí que había encontrado el lugar... que todo lo que me faltaba se estaba haciendo realidad. Hoy realmente estoy aprendiendo a vivir desde mi interior. Gracias a la Fundación aprendo a: Conocerme mejor. Quererme a mí misma para poder querer a los demás. Descubrí mi "niño interior" y saber que es fundamental en mi vida. Descubrí el "loco interno" y aprende a vivir con ambos para ser realmente feliz. Cada uno de los talleres que funcionan tiene algo que nos hace ver que la vida puede ser vivida de una forma más feliz. Agradezco a todos, tanto amor recibido, tanta vocación de servicio, tanta paciencia, tanta contención, tanta dedicación, tanta ternura y muchísimo más para cada uno de nosotros.
Sería muy largo enumerar todo el proceso vivido en la amada Fundación, porque para mí fue como un nuevo parto, sentí que de nuevo empezaba a vivir, que todo mi pasado era nada más y nada menos que una Escuela, a donde tenía que retornar (si quería), pero para aprender, no para resentir. Muy magistralmente se enseña en la Fundación los caminos de la psiconeuroendocrinoinmunología donde, como lo indica su nombre, cada vez que uno vive una experiencia, todo el ser está involucrado y todos los sistemas internos se estimulan o decaen a la vez, o sea que una de las "leyes" principales que enseña su Directora, es que "donde está la conciencia, está la vida", de manera que a través de las meditaciones, del camino evolutivo, del trabajo que se realiza en el P.A.R.A. (Programa Avanzado de Recuperación y Apoyo) para enfermos "terminales", que de alguna forma lo somos todos, porque cáncer no es solamente un desorden y anarquía celular, sino que lo tiene todo aquél que negándose a la maravillosa Ley del Cambio se fosiliza en "vida", yéndose sin saborear el néctar de la transformación, de la alegría, del progreso interno; o sea, parte sin haber vivido, dejando todo su potencial en el cementerio, lugar que según Stella Maris Maruso, guarda todas las riquezas.
Creo que por la forma en que me expreso, es fácil observar el cambio descomunal que ha habido en mi interior. Traté de sintetizarlo lo más posible, pero puedo asegurar que como la serpiente, ha cambiado de piel. Yo no sé como agradecer todo lo recibido, porque no solamente hubo cambios a nivel mental o de percepción ante la vida, hasta mi salud mejoró notablemente, mi manera de relacionarme con los demás es distinta, más pacífica. Siento que cada situación es una "oportunidad" para sacar lo mejor de mi misma, siento que la paz es un regalo cuando uno se vuelve paz y todo esto gracias a todas las herramientas aprendidas y también practicadas con todo el personal excelente que trabaja con incansable amor en la amada Fundación.
Once años se cumplen de mi llegada a la Fundación y cada día se renueva en mí el agradecimiento por todo lo que recibí. La primera etapa podría llamarse "desaprender lo aprendido", por supuesto la más dura, porque tantos años de hacer exclusivamente lo que se debe, lo que corresponde, no resulta fácil de dejar a un costado. Pero como no hay imposibles, con amor, con respeto, el sistema de creencias que formaba parte de mi vida se fue lentamente transformando. Así también se transformó mi percepción y pude contemplar el milagro de vivir con ojos distintos, agradeciendo diariamente el cambio que se operaba en mí. Yo soy una ex paciente de cáncer recuperada, pero lo más importante para mí es ser una persona que aprendió que se puede vivir, VIVIR, así con mayúsculas todos los días que nos toque transitar esta experiencia. Mucho nos alegramos cuando logramos "curarnos" como solemos decir, pero más felices debemos sentirnos cuando lo que hemos sanado es nuestra vida.
Ese milagro me ocurrió a lo largo de estos años, conté con la compañía y la guía de un ser maravilloso, Stella Maris Maruso, directora de esta Fundación. Por esta razón una vez más digo, GRACIAS.
Cuando se sienten continuas insatisfacciones, que lo prosaico deja un tremendo vacío, que lo aprendido no alcanza y no es lo mejor, todo esto produce una comezón interna que moviliza a una búsqueda. Deje mis estudios universitarios (3ero de ciencias económicas) y empecé mi recorrido, conocí nuevos lugares, grupos diferentes, leí libros, filosofías diferentes, pero no alcanzaba.
En plena crisis y agravada por mi condición de inmigrante (nací en el Jardín de la República), conocí la Fundación. Su propuesta es completa, integral, donde la visión del hombre en todos lo planos, psíquico, físico y espiritual y todo esto sustentado hoy por la medicina. Me enseñaron a vivir de una manera simple, a pensar menos y a sentir más, a desarrollar la inteligencia emocional, a transformar lo ordinario en extraordinario. Lo fundamental, la base de toda sanación es el AMOR: una palabra sana, un abrazo sana, una mirada sana. No necesariamente estar sano físicamente, implica estar bien.
Podemos estar enteros en lo físico, pero imposibilitados desde el interior y eso es lo que nos pasa a la mayoría, estar fragmentados. En los distintos procesos de sanación aprendemos que sanar es un arte. El arte de aprender a vivir, donde nos enseñan a afectarnos bien en lo vincular, donde tenemos la posibilidad de encontrar seres amorosos que nos acompañan en nuestro diario vivir. Y de esto estoy tan agradecida, porque en momentos muy difíciles de mi vida, siempre, siempre encontré la compañía, el abrazo, la palabra, la contención de este grupo que trabaja sin descanso brindando su amor incondicional, su servicio. Y esto se valora de sobremanera cuando se está lejos de las raíces, en esta gran ciudad, donde la lucha por la sobrevivencia es muy dura, transformándose así esta hermosa ciudad, en un lugar frío y sombrío.
Agradezco infinitamente la existencia de este lugar y es mi deseo que muchos seres puedan tener la oportunidad y desafío de conocer este lugar que tanto da y tanto se aprende. Vale conocerlo!
Durante un par de años estuve trabajando en una empresa que yo mismo fundé y que paradójicamente me fue bastante bien. Sin embargo, el nivel de estrés era insoportable y algo en mí empezó a resquebrajarse. Mi salud se debilitó, mi ánimo era cambiarte con las circunstancias externas (de tendencia claramente negativa) y volví a sentir esa extraña sensación de que yo no era yo, sino era una especie de actor. Al entrar por primera vez en la Fundación, me di cuenta que algo había pasado. Era como si supiera que ahí iba a encontrar algunas respuestas. A través de las actividades de los seminarios, por momentos increíblemente simples, fui de alguna manera recuperando el control de mi vida.
Tan así es, que decidí hacer un cambio importante y hoy la prioridad de mi vida es profundizar este camino. En la Fundación he encontrado muchísimo amor, mucha comprensión y libertad, en un entorno de gran diversidad. No importa la edad, el sexo, la profesión o la salud. Todos somos bienvenidos y aceptados. También es notable el trabajo con enfermos y el nivel de apertura que ello requiere, ya que permite integrar lo más avanzado de la ciencia con una visión espiritual y humana, de gran aplicabilidad en la vida diaria, que integra la visión completa del hombre. Gracias.
Hace 23 años llegué a la Fundación por recomendación de varios conocidos. No estaba enferma, pero me sentía tan mal como si lo estuviera. Había llegado al punto de no querer saber más nada con la vida. La vida no era para mí, no la disfrutaba, no la entendía, me sentía culpable por tener estos sentimientos, ya que no tenía de que quejarme: buena salud, trabajo, sin dificultades económicas, hijos sanos, padres sanos, casada y con problemas como todos. Según mi criterio no me faltaba nada para ser feliz, sin embargo no era feliz y sentía un vacío interno muy grande, no encontraba un objetivo en mi vida. Desde el momento que traspuse las puertas de la Fundación mi vida y la de toda mi familia cambió. Aquí encontré paz y amor incondicional. Aquí desperté y me guiaron para encontrar a ese ser perdido que vivía dentro (pero escondido) mío. Durante todos estos años siempre encontré el abrazo contenedor, la palabra de aliento, la escucha sin juzgamiento. Mi mamá me acompañó en este camino porque quería estar mejor y sabía que aquí en la Fundación "todo puede suceder" y sucedió, la operaron de cáncer de mama, se recuperó estupendamente, la volvieron a operar, se recuperó otra vez. En el interín falleció mi papá, y aquí encontró el apoyo necesario para superarlo. Mis hijos y mi esposo me acompañan ahora en este hermoso descubrimiento de vida. Ellos hacen su propio cambio. Mi familia ahora es otra, yo soy otra. Sólo tengo agradecimiento y agradecimiento infinito para esta Fundación, espero poder retribuir de algún modo todo lo que aquí recibo día a día. Gracias, infinitas gracias.
Algunos testimonios están extractados del libro "El laboratorio del alma", Buenos Aires, Ediciones B, 2009
