Terapeuta argentina ha logrado que enfermos con graves pronósticos puedan sanar

Stella Maris Maruso, directora de la Fundación Salud, que funciona en Buenos Aires, asiste desde hace más de 30 años a pacientes con cáncer y otras enfermedades terminales, transandinos y extranjeros, además de hombres y mujeres devastados por duelos y crisis profundas. El trabajo integral que les aplica, que provoca cambios químicos en ellos y modifica su percepción, ha tenido resultados trascendentes, logrando que algunos tengan curaciones espontáneas, asegura. La discípula de Elisabeth Kübler Ross estuvo en Santiago para presentar los libros que revelan estas experiencias y describió a La Nación las clave de su método.

“Toda crisis es a la vez una experiencia penosa y una magnífica oportunidad de cambios. Si hemos de despertar algún día, ¿por qué no hoy?”.

Esta frase, que aparece en el prólogo de su libro “El laboratorio interior” (Editorial Planeta), resume el eje del trabajo que ha realizado durante más de 30 años  la argentina Stella Maris Maruso, terapeuta biopsicosocial y directora de la Fundación Salud en Buenos Aires. La autora –ha publicado también “El laboratorio interior” (Planeta)- estuvo esta semana en Santiago para presentar sus obras.

Discípula de la psiquiatra suizo-estadounidense Elisabeth Kübler Ross, que realizó una contundente investigación con pacientes moribundos, Stella Maris –casada, tres hijos y cuatro nietos- se ha dedicado a acompañar y asistir a cerca de 20 mil pacientes, transandinos y extranjeros, con cáncer y otras enfermedades terminales, además de hombres y mujeres devastados  por duelos y crisis profundas.

El trabajo integral que ha realizado con estas personas en la Fundación que encabeza –ubicada a 15 kilómetros de la capital federal- le ha demostrado que la sanación física y del alma es posible y que todos pueden hacerlo en diferentes etapas de su vida.  Algunos han llegado a la institución sin estar enfermos, buscando  simplemente tener una mejor calidad de vida.

La llaman “artesana del alma” o “terapeuta de la esperanza”, porque los pacientes que viven la experiencia de ser asistidos por ella y su equipo, junto con autoregular su cuerpo a través de la generación de drogas endógenas, cambian su percepción de la realidad, mejoran su calidad de vida y encaran de mejor manera los desafíos. Precisamente son estas experiencias las que la escritora pone de relieve en sus libros y sobre las cuales conversó con La Nación.

PREPARARSE PARA LA PARTIDA

– Usted es discípula de Elisabeth Kübler Ross, quien comprobó que muchas personas cuando están muriendo se dan cuenta del real sentido de la vida.

–  Las personas vivencian su partida tal como vivieron,  por eso es muy importante acompañarlas para que puedan suavizar la transición y sanar el espíritu. En ese momento se abren a lo trascendente. Si se niegan a la enfermedad es más difícil hacer un proceso consciente que pueda resignificar su historia. Pueden partir mejor cuando sanan los vínculos con aquellos que la vida les acercó.

–  Una persona, aunque no esté enferma, ¿siempre debe prepararse para morir?

– Hay un cuento maravilloso al respecto: un discípulo le pregunta a su maestro cómo puede prepararse para morir. El maestro le aconseja: “aprende a vivir”. ¿Y cómo hago para aprender a vivir?, le contesta. Bueno, entonces prepárate para morir, remarca. Todos sabemos que moriremos, pero ninguno se lo cree. Cuando la muerte golpea a la puerta o nos amenaza es una oportunidad para regresar a lo que es importante. Todos deberíamos vivir con la certeza, metabolizada, de que partiremos. Entonces no tendríamos tiempo para estupideces.

– ¿Por qué la llaman la “artesana del alma” ?

– En la Fundación Salud, donde trabajo con un centenar de profesionales y voluntarios, acompañamos a los pacientes y los transformamos en resilientes. Resiliencia es adquirir plasticidad biológica y biosicosocial. Los enriquecemos y fortalecemos en esa experiencia que están viviendo. Cada vez que aparece algo difícil en la vida hay dos posibilidades: sentir que esa experiencia vino a arruinar la vida o a enriquecerla. Para lo primero no tienes que hacer nada, sólo seguir realizando lo mismo. Para lo segundo hay que hacer un trabajo profundo, de introspección. Acá el camino no es el del ego, del autoimportantismo sino que el camino del ser.

“TSUNAMI” BIOQUÍMICO

– ¿Cómo se realiza el proceso de acompañamiento a los enfermos?

–  Les generamos un “tsunami” bioquímico. Los ayudamos a crear salud, pero no desde el fanatismo.  Los asistimos integralmente trabajando con los nutrientes (que les hacen falta), la inteligencia emocional, lo físico, los sentidos. Logramos que la persona pueda cambiar la percepción de la vida. Analizamos si la percepción que tiene es de construir salud o de perderla más de la cuenta. En el momento en que el paciente está transitando por la enfermedad debe construir salud, porque las fuerzas de la patología que sufre abrazan a las fuerzas de la salud que todavía están. Acá lo más importante y significativo es que somos únicos y, en ese sentido, son únicas las necesidades que debemos atender.

– ¿Cualquier paciente puede lograr estos cambios?

– Cuando las personas empiezan a cambiar a través de estos estímulos de drogas endógenas empiezan a cambiar la percepción. Es imposible que deje de hacer algo que lo hace sentir muy bien, porque cambian los indicadores somáticos.

Stella Maris explica que “los programas que cambian esta percepción tienen tres bases científicas:  la psico –neuro-inmuno-endocrinología, que estudia la relación entre cuatro sistemas: siquismo,  sistema neurológico, endocrinológico e inmune. Específicamente, trabajamos la relación que tiene el siquismo con el sistema inmune. Este último recibe dos mensajes: quiero o no quiero vivir. Y a través de esos mecanismos químicos es muy importante hacer esas explicaciones conscientes que la persona puede poner a disposición de la salud. Es como viajar desde el cerebro hacia el sistema inmune. Y si viaja hacia el sistema inmune también viaja hacia los genes”.

En el tratamiento es muy importante la nutrición –explica- para que se generen mecanismos endógenos en los pacientes. “Si la persona, por ejemplo, necesita descansar bien hay precursores que inciden, pero ello se relaciona con un determinado nutriente. Si no sabemos cómo nos nutrimos desconocemos cuáles son nuestras necesidades reales en la generación de estas drogas endógenas”.

–  ¿Qué avances tienen los enfermos?

– Mejoran su calidad de vida, modifican la sobrevivencia, lo que es muy significativo. Como cambian también se preparan para poder lograr una buena transición (hacia la muerte). En algunos casos logran remisiones espontáneas (curaciones).  Hemos observado que el pronóstico (de su patología) es lo que hace más daño. La preocupación por las cosas que no ocurrieron genera mucha ansiedad, es un caldo de cultivo para cualquier desequilibrio. ¿Cómo hacemos entonces para lograr que la persona no se preocupe por las cosas que no sucedieron? Para eso hay que trabajar mucho para lograr cambios en el cuerpo. Y luego cómo influenciar el cuerpo para provocar cambios en el siquismo. Entonces ahí se produce la sinergia.

TIEMPO DE SANAR

– ¿Cuánto tiempo se puede demorar un paciente en este proceso?

–  Si cada vez que pensamos o sentimos estamos generando mecanismos químicos; si cada vez que la persona hace cosas nuevas aumenta la elasticidad del cerebro y activa genes que estaban preparados allí para provocar cambios en el cuerpo que puede ser considerada una curación milagrosa, inmediatamente se ven los resultados. Lo más difícil es cambiar la percepción.  Para ello se deben trabajar el sistema de creencias y los mandatos.

–  Es que no es fácil cambiar la percepción, la mirada de la vida.

– Si cambió la química lo puedes hacer.  El cuerpo es el generador de todos los mecanismos endógenos que necesitamos: tranquilizantes, somníferos, antidepresivos. Cuando uno aprende a tener una vida sana, a salir de la tiranía del hemisferio izquierdo (funcional, analítico, lógico, matemático), a vivir en sintonía con los dos hemisferios cambia su química y la persona, sin darse cuenta, comienza a percibir de manera diferente.

– ¿Qué les pasa a los enfermos adultos mayores que llegan a la Fundación?

– Es maravilloso trabajar con las personas bien mayores. A veces se les suele descalificar mucho, pero cuando uno puede conectarse con el ser de ellos hay mucho por hacer.  Hay que comunicarse desde el ser y éste es un gran trabajo. Hemos observado, sin embargo, que cada vez se enferma más gente joven.

– ¿Qué los enferma?

– Estoy convencida de que la génesis de la enfermedad es multifactorial, depende de muchas cosas, pero la tensión y el estrés son un asesino en potencia.  Nuestro sistema inmune, que debe defendernos de virus, bacterias, de la producción de células irregulares no está activado. Lo que se encuentra activado siempre es el alerta y llega un momento en que estas señales se transforman en alarmas permanentes.  Siempre tengo que hacer algo, siempre tengo que llegar. Nos invade la indignación, rabia, competencia, desesperanza, angustia. Lo más grave es que somos adictos a esos estados.

STELLA MARIS MARUSO: “AGRADECEN A LA ENFERMEDAD”

Stella Maris Maruso observa que las personas están abiertas a realizar cambios en su vida, “cuando el dolor llama a su puerta”. Le gustaría -admite- recibir en su Fundación a aquellos movidos sólo por el despertar de la conciencia.

“Cuando las personas reciben un diagnóstico (lapidario) o la vida las puso de rodillas tal vez ahí acceden (a cambiar). Cuando hacen este tipo de trabajo (integral) todos agradecen a la enfermedad, porque les permitió ser felices. Y lo que es peor: se dan cuenta que estaban muy enfermos desde antes de contraer la patología”, apunta.

–  ¿Cómo llegan a la Fundación?

– La mayoría accede cuando hay recurrencia de la enfermedad y muchos son derivados por sus propios médicos.  Llegan hombres, mujeres, jóvenes y chicos. Las mujeres son las que están más afines a escuchar acerca de este trabajo de introspección y de cambio. Sin embargo, los hombres piden ayuda también cuando están enfermos.

–  ¿Qué la movió a iniciar este camino de ayudar a otros?

– En 1981 mi padre fue diagnosticado de cáncer y logró curarse milagrosamente. Vivió 18 años libre de la enfermedad. Mucho antes de esto yo había iniciado mi búsqueda espiritual, pero fue después de asistir a mi papá que comencé a ayudar a otros.

– Tras haber asistido durante años a los enfermos y observar su mejoría, ¿cuál es su meta ahora?

– Estamos embarcados en una investigación científica. Queremos mostrar cómo impactan en los genes de las personas estos cambios significativos que logran, específicamente en su sistema inmune. Pensamos que en dos años más podría estar listo este estudio. Cuando el paciente modifica su escala de valores y de creencias, sana sus estados emocionales, aprende de sus indicadores somáticos, despierta o se cura.